Nativos digitales, inteligencia digital.

Fernando Sáez Vacas
¿Homo digitalis?

 Las ideas expuestas en esta tribuna acerca del entorno, la tecnología, el cerebro y la inteligencia relacionan estos factores con algunos datos históricos de la evolución humana.

La mano del Homo habilis y ahora ¿mono artificial, simio informatizado?

En la exposición Orígenes: Cinco hitos en la evolución humana, celebrada en Vielha (valle de Arán) durante el verano de 2010, pudo leerse lo siguiente: «Hace unos 2,5 millones de años una especie de primate, que podría ser el primer representante del género humano (Homo habilis), destaca sobre las especies existentes. Es capaz de fabricar toscas herramientas de piedra golpeando cantos rodados con otros y logrando un filo cortante para cazar y descuartizar las presas con facilidad. La mejora en la dieta aporta proteínas y éstas favorecen el desarrollo cerebral. A su vez, un cerebro grande implica un desarrollo de la tecnología».

J. M. Bermúdez de Castro, experto en evolución humana, en su libro La evolución del talento. Cómo nuestros orígenes determinan nuestro presente (Debate, 2010), explica que enormes cambios climáticos en África provocaron cambios en los primates de esa zona, uno de ellos en la mano. Mientras «los chimpancés tienen dedos largos y curvados y un pulgar corto, cuyo conjunto constituye una pinza de presión que les permite agarrarse con facilidad a las ramas de los árboles», a partir del Homo habilis, la mano del género Homo fue convirtiéndose en una pinza de precisión, con dedos más cortos que los del chimpancé, exceptuando el pulgar, no solo más largo sino asimismo fácilmente asociable con los demás dedos y especialmente con el índice. «La evolución de la mano de los homininos, favorecida por su forma de locomoción bípeda, ha sido determinante en la evolución humana. Su pinza de precisión entre los dedos índice y pulgar, que se ha ido perfeccionando con el paso del tiempo, permite la fabricación y manipulación de objetos a modo de herramientas, inicialmente de piedra» y causaron cambios tecnológicos que, a su vez, transformaban el cerebro y por tanto la inteligencia de sus usuarios.

Nuestros bípedos retoños humanos nacen hoy y se desarrollan, si sus circunstancias familiares y sociales son favorables para ello, en un entorno de infotecnología predominantemente digital, por lo que en principio podemos considerarlos como nativos digitales. Viviendo en una era de omnipresente infotecnología, generadora de un entorno cada día más artificial, previsible protagonista de la evolución humana en el futuro próximo, hablar de lo que sucedía hace cientos de miles de años con los dedos de los primates, de las herramientas de piedra (litotecnología) y de sus capacidades cognitivas podría parecer absurdo. Sin embargo, autores con profundos conocimientos en Ciencias Sociales y Humanas hacen o han hecho algo similar. Así, Román Gubern, en su libro El simio informatizado, Fundesco, 1987, escribió: «La hipertrofia tecnológica de nuestro siglo tiende a enmascarar que el ser humano es también un producto de la naturaleza, un ente biológico con necesidades y requisitos predeterminados por su viejísima herencia genética, que se remonta al mono ancestral»; y Timothy Taylor, en su obra reciente El mono artificial: Cómo la tecnología ha cambiado el curso de la evolución humana (en inglés), expone que «en el momento en que nuestros ancestros primates empezaron a crear las primeras herramientas de piedra, generaron una fuerza -tecnología- que ha desempeñado un rol esencial en crear las especies humanas. [...] Ahora nuestras inteligencias se están complementando a gran velocidad, por ejemplo, con el desarrollo de computadores personales cada vez más potentes. Por tanto, puedo predecir que, a largo plazo, los humanos tenderán a ser biológicamente menos inteligentes, o sea, criaturas biotecnológicas, lo que no necesariamente es algo negativo».

Prótesis cerebral operable con dedos de la mano, una forma de inteligencia digital

Desde que en 2006 publiqué mi artículo sobre noomorfosis digital1, para sugerir la existencia de un fenómeno de generación de nuevas formas de inteligencia en nuestros cachorros humanos, cada día más inmersos en la infotecnología digital, decidí seguir los estudios de expertos en neurociencia y de psicólogos interesados en la remodelación de nuestros cerebros debida al uso de la infotecnología. Las ideas expuestas en esta tribuna, extraídas del último capítulo de un libro del autor (Cultura y tecnología en el Nuevo Entorno Tecnosocial) a punto de publicarse, se apoyan en conclusiones de algunos de esos expertos.

Hay usos que pueden beneficiar a ciertas capacidades del cerebro. Internautas asiduos incrementan su eficiencia para localizar información. Según un estudio de la Universidad de Rochester (Nueva York), usuarios frecuentes de ciertos videojuegos mejoran sus reflejos y capacidad de análisis o potencian su agudeza visual. Como dice Nora Volkow, científica del cerebro y directora delNational Institute of Drug Abuse, «la tecnología está recableando nuestro cerebros», lo que produce diversas consecuencias. Una de ellas es que pudiéramos perder nuestra capacidad para concentrarnos. Nicholas Carr, uno de los autores más polémicos sobre estos temas, transcribió el 12 de junio de 2010 en su blog algunas opiniones de investigadores, entre otras las de M. Merzenich, quien aduce que «los cerebros humanos están siendo significativamente remodelados por nuestro uso de Internet y de otros medios modernos».

Adam Gazzaley, neurocientífico de la Universidad de California en San Francisco, argumenta que «estamos exponiendo nuestros cerebros a una saturación informativa para la cual no fuimos preparados evolutivamente». Según parece, la sobreestimulación del cerebro incrementa los niveles de dopamina (que es a la vez hormona y neurotransmisor). Carr, en su reciente libro2 dedica un capítulo de 20 páginas a las tecnologías intelectuales, aquellas que incluyen todas las herramientas que usamos los humanos para extender o soportar nuestros poderes mentales.

Dentro del marco de estudios de la evolución humana y de la remodelación cerebral por la tecnología propondré a continuación una hipótesis de nueva faceta de la inteligencia, que debería ser debatida con investigadores neurocientíficos.

Fijémonos en aquellos nativos digitales y en inmigrantes digitales que ocupan una gran parte de su tiempo conectados a instrumentos TVIC3 de clases diversas, dotados de un inmenso conjunto de funcionalidades, con grandes y múltiples efectos transformadores de nuestro entorno, más técnico (Nuevo Entorno Tecnosocial) que físico. Podemos argüir que estamos en presencia de una tecnología doblemente digital: digital por su estructura, codificación numérica (dígito = número) de la información y técnicas de funcionamiento interno y digital por su manejo con los dedos. Así pues, tenemos de nuevo a la mano, principalmente a sus dedos pulgar e índice, jugando un papel con la tecnología, el cerebro y la inteligencia. ¿Podrían ser quizá los representantes más pertinaces de esta generación digital unos primeros especímenes de Homo digitalis, una vez comprobado que, tras miles de horas usando diversos artefactos infotecnológicos, han adquirido una asombrosa destreza doblemente digital (manejabilidad con los dedos, siendo conscientes de los efectos funcionales del dispositivo manejado)? Hoy día, la Sociedad del Conocimiento está alimentada por instrumentos nootecnológicos4 (tecnología con aplicaciones inteligentes integradas) en mayor proporción que por mentes humanas, las cuales, frecuentemente, sólo tienen que aprender a usarlos, sin necesidad de conocer los fundamentos constitutivos del saber que están aplicando.

Inteligencia-sistema

Los conocimientos instrumentalizados se difunden por la sociedad como pura tecnicidad funcional y operativa integrada en artefactos, que actúan como prótesis cerebrales de sus usuarios, y los teléfonos móviles hipermultifuncionales de últimas generaciones prácticamente son multiprótesis cerebrales. La habilidad manual, consistente en pulsar o mover ratones, teclas, punteros, iconos, pantallas táctiles, etc., para activar eficazmente las funciones implementadas en el instrumento infotecnológico, modela sus redes neuronales y podría configurar una clase nueva y útil de inteligencia instrumental (basada en un lenguaje, no verbal ni relacionado con una mente lógica, sino expresable con los dedos), a la que podríamos llamar inteligencia digital, una faceta nueva de la inteligencia-sistema.

La “inteligencia-sistema”, término compatible con la teoría de las múltiples inteligencias de Howard Gardner, es algo complejo, con varios componentes de inteligencia interrelacionados, cuya exploración en el área de los impactos tecnológicos sobre tales componentes requiere investigaciones multidisciplinares. Limitándonos al componente de inteligencia digital, progresivamente generado en muchos ciudadanos a medida que aumenta la digitalidad social (interpretada como el grado cuantitativo de penetración de la tecnología digital en la sociedad), podemos decir que la aplicación empresarial de la infotecnología será más fácil y menos costosa, con lo cual la eficacia tecnoeconómica mejorará; pero conviene apuntar que eso no incrementaría el nivel de competitividad en el ranking de países avanzados, ya que esa faceta de la inteligencia-sistema, que es una adaptación funcional al entorno tecnificado, por sí misma no posee las aptitudes creativas propias de otro tipo de inteligencia (en principio compatible con la faceta digital, siempre que se le dedique el esfuerzo, los instrumentos y las actividades pertinentes para ello) necesarias para desarrollar enfoques y procesos pioneros.

acontecer educativo garcía flamenco

Resilencia: educación en entornos desfavorecidos

Óscar Picardo Joao

Editorial LPG

Su aplicación o vivencia se refiere tanto a los individuos en particular como a los grupos familiares o escolares que son capaces de minimizar y sobreponerse a los efectos nocivos de las adversidades y en estos contextos de deterioro socio-cultural (Uriarte, J., 2006).

La resilencia representa una novedosa perspectiva sobre el desarrollo humano, contraria al determinismo genético y al determinismo social. No es una característica con la que nacen o que adquieren ciertos niños, sino un conjunto de procesos sociales e intrapsíquicos inducidos que posibilitan tener una vida “sana” en un medio insano (Rutter, 1990).

El enfoque educativo de la resilencia aborda de manera diferente la perspectiva del riesgo, porque parte de la existencia de un conjunto de condiciones posibles y optimistas entre el educador y educando, mediante el cual a pesar de las condiciones complejas se pueden obtener resultados positivos; esto supone un enfoque de trabajo más personalizado y cercano entre docentes y estudiantes, y sobre todo el reconocimiento que cada alumno es único y valioso; se trata de creer en ellos…

Algunas de las cualidades más importantes que facilitan la resilencia han sido descritas como: a) visión de futuro; b) empoderamiento; c) autoestima consistente; d) convivencia positiva, asertividad, altruismo; e) pensamiento flexible y creativo; f) autocontrol emocional, independencia; g) confianza en sí mismo, sentimiento de autoeficacia y autovalía, optimismo; g) locus de control interno, iniciativa; h) sentido del humor; i) moralidad.

Como afirma J. Uriarte: Ningún alumno elige fracasar en la escuela. Si la sociedad, los padres y profesores exigen éxito y el niño fracasa, la experiencia escolar se convierte en fuente de sufrimiento, y hay que revisar con urgencia qué ha fallado en el aula y fuera de ella. En la escuela no solo se educa a nivel curricular, también hay que trabajar la maduración socioemocional, habilidades sociales y en la formación para la ciudadanía; no obstante, en la mayoría de escuelas públicas de zonas desfavorecidas la calidad de enseñanza es inferior y los profesores –con justa razón– se quejan de que no pueden desarrollar correctamente los programas, al tiempo que se les critica por mantener unos estándares en pruebas nacionales muy bajos; en efecto, hay que crear condiciones especiales para ayudar a estos niños en estas escuelas.

Paco López Jiménez en su artículo “Construir la resilencia en la práctica educativa” al abordar las actitudes del educador apunta una peculiar anécdota: “Se buscan hombres para un viaje peligroso. Sueldo bajo. Frío extremo. Largos meses de absoluta oscuridad. Peligro constante. No es seguro volver con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito”, escribió Ernest Shackleton en 1914, en un anuncio de prensa para reclutar voluntarios para una expedición a la Antártica. Quizás Shackleton no sería considerado hoy un genio del marketing, pero, en su anuncio, apeló magistralmente a la motivación interna conectada con la motivación social. Ambas son, probablemente, las fuentes de motivación más potentes para guiar el comportamiento humano” (…) particularmente el de docentes en entornos desfavorecidos; necesitamos maestros excepcionales y no más de lo mismo…

Necesitamos un nuevo proyecto escolar, sin ataduras en materia burocrática, legal o gremial; con un equipo docente selecto, dispuesto al reto de Shackleton; es decir, gente que quiera compartir con esperanza y optimismo la experiencia de la vida, diseñando un nuevo proyecto pedagógico basado en los sueños y proyecciones de estos niños que sin lugar a dudas buscan algo mejor.

acontecer educativo garcía flamenco

Políticas educativas minimalistas

Óscar Picardo Joao

opicardo@iseade.edu.sv

Después de 27 meses de espera llegó a mis manos la versión oficial y formal del Plan Social Educativo Vamos a la Escuela 2009-2014. El documento no contiene datos editoriales formales, y publica una versión bastante depurada de lo que fueron los primeros borradores programáticos. En términos generales podemos describir el documento así: buenas ideas y fundamentación, planteamientos técnicos muy etéreos, ausencia de indicadores o metas consecuentes en el tiempo y no posee datos financieros que sostengan los programas. En síntesis, un documento muy filosófico, romántico e idealista.

Producto de esta concepción observamos en la ejecución un modelo minimalista y no nos referimos conceptualmente a lo “esencial”, sino al limitado alcance de las políticas. Por ejemplo, el pilotaje de escuelas inclusivas de tiempo pleno se reduce a 22 centros educativos (en el mejor de los casos a 40 o a 60), cuando en la realidad hay casi 6,000 centros educativos; si magnificamos o proyectamos el costo de la escuela inclusiva de tiempo pleno al sistema no alcanzaría ni el presupuesto de la Nación, y no se puede hacer políticas públicas sobre la base de los cooperantes. Este modelo tiene serias implicaciones en la inversión para infraestructura, y supone cambios importantes a escala curricular, pedagógica, didáctica, recursos humanos y otros; lo que implica un desmontaje del modelo obsoleto y fractal actual construido para avanzar en cobertura. Pero ¿cómo se financia si seguimos invirtiendo 3% del PIB? De igual modo, si pensamos en stakeholders de apoyo como el concepto “doposcuola” en un escenario con un tejido social tan debilitado e instituciones tan frágiles ¿qué podemos esperar?

Igual sucede con el programa Ensanche –de brecha digital escolar–, el cual programa como meta 13,000 computadoras para una población de casi un millón y medio de estudiantes.

En la versión borrador la meta era más ambiciosa (similar a Ceibal, y rondaba las 800,000 computadoras), pero resulta que ahora nos vamos al extremo de alcanzar a menos del 1% de la población escolar; también el programa Cerrando la Brecha del Conocimiento (CBC) plantea la entrega de 11,858 laptops (no queda claro si son parte de las 13,000 o si es otra entrega).

Otras políticas o programas del plan son sumamente generalistas, algunas con datos parciales, otros con metas, otros sin metas, inclusive algunos con metas a partir de 2014: Dignificación del Magisterio; Sigamos Estudiando; Ciencia y Tecnología; Desarrollo Profesional; Mejoramiento de Ambientes Escolares y Recursos Educativos; Recreación, Deporte y Cultura; Currículum pertinente; Educación inclusiva; Cerrando la brecha del conocimiento; Hacia la CYMA; Seamos Productivos; Educación Técnica Profesional; Estudiantes con Desempeño Sobresaliente y Creando Conocimiento.

El único programa con alcance “censal” es el de Paquetes Escolares, con el cual bien podríamos discutir sobre la eficiencia, costo-beneficio y tasa de retorno. Es muy bien valorado por la ciudadanía, pero no está focalizado, y en políticas educativas no se trata de quedar bien, sino de invertir bien.

Esta gestión de gobierno hereda la limitante financiera de las gestiones anteriores. Mientras la media latinoamericana de inversión educativa oscila en el 5% del PIB, en El Salvador no superamos el 3%, con el agravante de diseñar una estrategia difusa e irreal, creando espejismos educativos. Ni ayer ni hoy se plantea solucionar los problemas educativos del sistema: la baja nota de la PAES, la deserción en tercer ciclo, la verdadera dignificación, actualización y evaluación docente. Es más, desde 2000 a la fecha, según un estudio en proceso del economista Mauricio González Orellana, la Tasa Interna de Retorno de inversión en educación viene bajando y camina de la mano con la desaceleración económica del país. Con el sistema educativo de un país hay que hacer ciencia y no política.

Acontecer Educativo

La relación entre la educación y las empresas.

Helga Cuéllar-Marchelli*

En las economías basadas en el conocimiento, los países que han crecido más rápido no son los que cuentan con una fuerza laboral con más años de estudio, sino con personas capaces de aprovechar el conocimiento y la tecnología para crear nuevos productos y servicios. Esto sólo se consigue mejorando la calidad de la educación, para lo cual se requiere de una política de Estado que pueda mantenerse a lo largo del tiempo.

Por eso, si en algo debería haber consenso nacional, es en definir a la educación como un eje estratégico para aumentar el crecimiento económico y promover el desarrollo. Según los informes del Foro Económico Mundial, El Salvador ha venido perdiendo su posición en el ranking mundial, pasando de la posición 53 de 104 países en 2004 a la posición 91 de 142 países en 2011. Esta realidad se manifiesta a través del lento crecimiento económico, la reducción de la inversión y la insuficiente generación de empleos. El país está perdiendo competitividad debido a la inseguridad, la desconfianza en las instituciones, las deficiencias en la educación y las restricciones a la innovación que enfrentan las empresas.

Sobre este último punto, es oportuno mencionar que existe una relación entre la educación y el sector productivo que usualmente pasa desapercibida. A las empresas les importa –o les debería importar– la educación porque su productividad depende, en buena medida, de la capacidad de su recurso humano. Muchos empresarios experimentan a diario que, en un país donde la escolaridad promedio de la población es apenas seis años, las posibilidades para transferir tecnología son limitadas. Ellos saben que es difícil encontrar personal con la formación necesaria para utilizar cierta tecnología y leer los manuales en inglés de algunos equipos.

También, es común encontrar graduados de bachillerato, carreras técnicas o universitarias que carecen de la suficiente preparación para desempeñar bien las tareas profesionales que les corresponden. Muchos tienen dificultades para comunicarse efectivamente, trabajar en equipo, resolver problemas e incluso actuar con rectitud. Este tipo de brechas entre la demanda y la oferta laboral se reducirían, si la relación entre el sector productivo y el sistema educativo fuera estrecha.

Las empresas pueden contribuir con la educación de varias maneras. Ellas pueden estimular la formación continua de su recurso humano a través de la capacitación y pueden apoyar el sistema escolar a través de acciones de Responsabilidad Social Empresarial (RSE); ya sea ofreciendo becas de estudio, apoyando programas de mejoramiento de la infraestructura escolar, donando equipo y materiales didácticos, etc. Las empresas también pueden crear alianzas con el sistema de educación superior, para impulsar el desarrollo científico, la investigación y la innovación.

Las empresas pueden ser clientes críticos del sistema educativo, aliados y promotores de políticas públicas, que busquen mejorar la equidad en el acceso a una educación de alta calidad. Hace falta mucho por hacer para poder maximizar el aporte positivo que las empresas pueden dar a la educación. Ya es tiempo de revisar los esquemas de incentivos y el marco institucional que existen para acercar la educación al mundo laboral y viceversa.

En Chile, por ejemplo, existe una instancia especial para propiciar o fortalecer la relación entre la educación y las empresas conformada por el Ministro de Educación, directores de gremiales empresariales e industriales, entre otros participantes.

Aunque muchas empresas salvadoreñas apoyan la educación de múltiples formas, esta relación necesita evolucionar y madurar. Ya es tiempo de hacer visible y optimizar la relación entre la educación y las empresas, para poder contribuir de una manera más efectiva a elevar la productividad de las personas, las empresas y la competitividad del país.

*Columnista de El Diario de Hoy.

Twitter:@hmarchelli

acontecer educativo garcía flamenco

Educación en derechos humanos

Escrito por Joaquín Samayoa

Hay que ver y oír para creer. De las palabras pronunciadas por el presidente Funes el pasado lunes en El Mozote podría inferirse erróneamente que, antes de él, nadie se ha ocupado de incorporar la temática de los derechos humanos en el currículo para la formación de oficiales de la Fuerza Armada. En la misma tónica se expresó, acto seguido, el ministro de Educación al afirmar que se iba a revisar el currículo a fin de incorporar esa temática “para comenzar en El Salvador a construir una nueva cultura de paz, una cultura democrática” basada en la enseñanza de los derechos humanos.

Ambas declaraciones ponen de manifiesto un asombroso desconocimiento de lo que ha estado ocurriendo en el país en los últimos 20 años, o una actitud de no querer reconocerlo ni siquiera en la fecha en que conmemoramos el vigésimo aniversario de los Acuerdos de Paz, ocasión que debiera haber servido para que los líderes de la nación hicieran una seria reflexión sobre lo que hemos caminado y lo que nos falta por hacer.

El presidente presenta como ocurrencia suya, como gran novedad merecedora de aplauso, algo en lo que muchas personas han venido trabajando con esmero desde hace casi veinte años.

Para información de ellos y de todos aquellos que aún no lo saben, me permito señalar que uno de los acuerdos incluidos en el documento de Chapultepec fue la creación del Consejo Académico de la Escuela Militar Capitán General Gerardo Barrios, institución en la que adquieren su formación básica todos los oficiales de las fuerzas armadas de nuestro país.

Desde la juramentación de los miembros que integramos el primer Consejo Académico de la escuela militar, en agosto de 1992, hasta estas fechas, dicho organismo ha venido trabajando, en estrecha y armoniosa relación con sucesivos directores de la escuela, en revisar y actualizar los programas de estudio. A la temática de derechos humanos y valores democráticos se le dio particular relevancia desde entonces en la formación de las nuevas generaciones de oficiales.

Por su parte, el Comando de Doctrina y Educación Militar (CODEM) de la Fuerza Armada ha venido coordinando con el Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH), con sede en San José, Costa Rica, para incorporar la formación en derechos humanos en los planes de formación continua que fundamentan los ascensos a lo largo de la carrera militar.

Le habría bastado al presidente un rato de conversación con su nuevo ministro de Justicia y Seguridad Pública, quien también ha desempeñado el cargo de ministro de Defensa y director de la Escuela Militar, para haberse enterado de que no hacía falta una instrucción suya para hacer algo que desde hace tiempo se hace y se hace muy bien.

La Fuerza Armada ha sido ejemplar en el cumplimiento de letra y espíritu de los Acuerdos de Paz. Aceptó su depuración, renunció al poder y a los privilegios que siempre había tenido, asumió disciplinadamente su nuevo rol y renovó completamente los criterios para la selección y la formación de sus nuevos oficiales. Si tanto hablamos de justicia, habría sido un buen gesto de parte del presidente hacerle justicia a ese esfuerzo institucional y personal que tanto ha contribuido a la estabilidad y a la armonía de El Salvador.

De igual manera, el ministro de Educación y vicepresidente de la República debiera saber que la temática de derechos humanos figura de manera muy destacada en los programas de estudio de bachillerato desde 1997. Hasta se incluyen preguntas sobre esa temática en la PAES. En aquellos años, la UCA y el IIDH diseñaron módulos para la formación de maestros en los conocimientos, valores y competencias pertinentes al respeto de los derechos humanos.

Les hubiera bastado al presidente y al ministro un rato de conversación con el actual secretario de Cultura para conocer estas cosas que a ellos les resultan tan novedosas. El Dr. Héctor Samour fue uno de los destacados académicos que colaboraron en el diseño de los planes de estudio a mediados de los años noventa y también, por muchos años, en la elaboración de la PAES de Estudios Sociales. Todo es susceptible de mejoras, pero debemos comenzar conociendo y apreciando lo que ya tenemos.

Acontecer Educativo Niños