La crisis en Educación

Escrito por Jaime Ramírez Ortega
Miércoles 31 agosto 2011

Esto no le hace nada bien al país, menos en estos momentos, donde se reportan quince muertes violentas diarias, y la mayoría de ellas, alumnos de las distintas escuelas a escala nacional. Este es un problema que el Gobierno debe darle mucha atención.

Ya no más discursos, algunos bien elaborados, pues al final no se hace nada concreto para ayudar a los miles de jóvenes que están siendo conquistados por los tentáculos de las pandillas, por amenazas o porque les gusta esa vida, debido a la ausencia de referentes positivos en el barrio que orienten a la juventud y que se den cuenta de que ser pandillero es un estilo de vida, que solo tiene tres caminos: la cárcel, el hospital, y el cementerio

No se puede continuar circulando en el camino de la impaciencia y de la intolerancia. El Gobierno debe de ser más propositivo y flexible con las bases magisteriales y llegar a un acuerdo que les permita retomar las labores educativas, para no dejar acéfalos a los alumnos.

El presidente Funes debe de flexibilizar sus posturas, y saber que no todo se puede resolver descontando o despidiendo a los miles de maestros que han dejado sus vidas en las aulas públicas, caminando largos trechos, cruzando ríos, quebradas, y llevando la educación incluso hasta las islas más remotas de nuestra querida patria y muchos ya murieron en el cumplimiento del deber.

Entonces vale la pena retomar las negociaciones desde una mesa, y ofrecerles a los maestros soluciones concretas con base en las posibilidades del Gobierno, y no engañarlos de forma demagógica como lo han hecho en el pasado, como tampoco es lícito ofrecerles cumplir con lo que dice la ley con respecto de los aumentos salariales, recortando las asignaciones presupuestarias que tiene cada una de las escuelas públicas.

Porque en cuyo caso sería un engaño más para ellos, limitando los proyectos que cada escuela tiene para el periodo 2012.

Como mejoras sistemáticas en las estructuras, así como dejando de contratar maestros adicionales para suplir la demanda, ocasionando a futuro menos acceso a la educación y en consecuencia más analfabetismo y delincuencia.

El ministro de Educación no desconoce todo lo que se menciona en este artículo, ya que él fue uno de los precursores de las mejoras salariales de las bases magisteriales en los periodos que gobernó ARENA. De hecho él participaba activamente en las marchas, pidiendo que no se soslayaran los derechos de los maestros.

Insistía en que se cumpliese con todo lo establecido en la normativa salarial, pero hoy dio vuelta el asunto, porque él está como ministro y la cosmovisión es diferente, y en lugar de apoyar a los maestros, vemos una actitud inaccesible y poco identificado con el magisterio.

Apabullando a los maestros y decir que se les quitará si se siguen manifestando legítimamente no es la fórmula más adecuada para resolver el problema. Es necesaria la reflexión del Gobierno, que recorte sus gastos excesivos para redistribuirlos en educación en donde tanto se necesitan.

La calidad educativa privada

Juan Valiente*
Martes, 30 de Agosto de 2011

Nadie duda que una función importante del MINED sea la regulación de los servicios educativos privados. La educación es una obligación del Estado y la delega bajo ciertas condiciones al sector privado. Se debe respetar la iniciativa de emprendedores y educadores que aceptan el reto de ser proveedores privados de servicios educativos, al mismo tiempo que se debe exigir mínimos de calidad para que los ciudadanos recibamos lo ofrecido. Es un dilema interesante para el MINED, especialmente cuando las carencias en el sistema público son tantas y muchos padres de familia perciben que sus hijos tendrán mejores oportunidades si asisten a colegios privados, aunque obviamente no todos ofrezcan la misma calidad.

Los esfuerzos del MINED por regular y acreditar a los colegios han sido recibidos con recelo. Algunas instituciones privadas demandan equidad con el sector público, aunque es cómoda la posición de exigir cumplir únicamente con dichos mínimos. Los colegios privados deben comprometerse y aspirar a mayores estándares de calidad en consonancia con los costos que los padres de familia invierten en dicha educación. Lo que es lamentable es que se exija a los colegios más compromiso sin darles las herramientas y flexibilidad para garantizar el financiamiento adecuado. Lo que definitivamente no es justo para el país es que la gran mayoría de estudiantes no tenga acceso a una educación con los estándares exigidos a los colegios privados. Los gobiernos deben garantizar que los servicios públicos de educación sean buenos, de calidad, con infraestructura envidiable, adecuados recursos y comprometidos maestros. La educación debe ser la plataforma que permita equilibrar las oportunidades de todos nuestros jóvenes, no sólo de los que han podido asistir a un colegio privado.

Así también se anunció el proceso de reglamentación para poder funcionar como colegios biculturales con calendario norte. Y aunque es necesaria, debe respetar lo propio de cada institución: su historia, su planteamiento educativo, sus estándares internacionales y sus acreditaciones. ¿Cuáles deben ser los mínimos? La regulación del MINED no debe violar las decisiones privadas de las familias, sino garantizar que los mínimos sean satisfactorios. Es una responsabilidad compartida entre el MINED y los padres de familia. Lo crítico a juicio del MINED parece ser la existencia de convenios y acreditaciones internacionales con instituciones de otros países. Se deben promover entonces cambios en la legislación y reglamentación pertinente para que de mejor manera se integren las necesidades nacionales con las demandas internacionales de los entes de acreditación y de currículo.

Al parecer otro objetivo es evitar que colegios bilingües, que no sean biculturales, funcionen en calendario norte. Es obvia la fortaleza en términos de aprendizajes, infraestructura y recursos con la que cuentan los biculturales. Sin embargo, no debería ser exclusivo para ellos el calendario norte. Muchas familias prefieren que sus hijos estudien en instituciones educativas bilingües de prestigio con dicho calendario, precisamente porque es el que mejor se adecúa a las necesidades de la transición futura a la universidad a la que desean enviar a sus hijos. También dichos padres de familia tienen derecho a elegir para sus hijos instituciones bilingües con calendario norte, aunque no sean biculturales.

Otro de los aspectos que el MINED desea regular es el calendario escolar. Aunque parece sencillo, simplemente no lo es. Las fechas de inicio y finalización están relacionadas con los calendarios escolares del sistema internacional al que pertenecen, pues todo está vinculado: las contrataciones internacionales de personal docente, los intercambios educativos y culturales, las fechas de exámenes internacionales y también el calendario de visitas de los procesos de acreditación. Debería bastar con asegurarse que efectivamente se cumpla con dichos estándares internacionales, pues la normativa exige entre otros cantidad de horas clase por asignatura, mínimo de horas dedicadas al desarrollo profesional docente y pausas pedagógicas que ayuden a la consolidación del aprendizaje. La Ley General de Educación necesita incorporar estos requerimientos para que también los biculturales y los bilingües tengan un marco normativo adecuado.

*Columnista de El Diario de Hoy.

La función directiva en la escuela y el desarrollo

Helga Cuéllar-Marchelli*

Jueves, 25 de Agosto de 2011

Recientemente un colega me preguntó cuál es la relación entre la función directiva de la escuela y el desarrollo. Confieso que aunque dicha relación parece distante, en realidad, es más estrecha de lo que uno se imagina. En esta oportunidad me gustaría compartir con usted, amigo lector, mis reflexiones en torno a este tema.

John Dewey (1859-1952), un filósofo, sicólogo y educador con pensamiento muy progresista para su época, afirmaba que la escuela es una de las instituciones sociales más importantes, ya que la educación es un proceso social. En su escrito “Mi Credo Pedagógico”, él sostenía que la escuela es simplemente una forma de vida comunitaria en donde los estudiantes aprenden el conocimiento heredado y, además, pueden desarrollar competencias para crear nuevo conocimiento e innovar. También decía que la escuela es el espacio para reconciliar los ideales individuales y colectivos, para simplificar cómo es la vida social y cuál es su significado.

La educación tiene el potencial de aumentar el crecimiento económico y promover el desarrollo humano sostenible. También puede desempeñar un papel vital en la construcción de una sociedad democrática, pacífica, equitativa y respetuosa de las libertades individuales. Para lograr estos objetivos, El Salvador enfrenta el desafío de ampliar el acceso a una educación de alta calidad. No se trata de que las personas permanezcan más años en la escuela, sino que desarrollen los valores y las competencias para tener éxito en la vida y contribuir al progreso económico y social.

La escuela contribuye al desarrollo en la medida que ésta asume con firmeza el compromiso de convertirse en un centro de excelencia, que ayude a construir en el presente la sociedad deseable del futuro. La función directiva de la escuela debe garantizar que esta misión tan trascendental de la educación se cumpla asumiendo un liderazgo transformador. Los líderes escolares exitosos no sólo son buenos administradores, sino también se esmeran en desarrollar el potencial humano del personal de la escuela, particularmente los docentes.

Saben que para producir educación de calidad, tanto la estructura administrativa como la cultura organizacional deben concentrarse en aprender más que en enseñar. Algunos estudios señalan que los buenos directores hacen evolucionar a la organización. Ellos crean condiciones laborales apropiadas, motivan a los docentes, y, sobre todo, fomentan la creación de comunidades de práctica profesional y liderazgos compartidos.

En la escuela, la función directiva es vital y compleja porque debe asegurar eficiencia administrativa y efectividad en los procesos de enseñanza-aprendizaje. Además, ésta sólo podrá producir calidad y contribuir al desarrollo en la medida que atienda el hoy pensando en el futuro. En la actualidad, frente al alto costo de los insumos y la violencia que afecta el ámbito escolar, el principal reto que enfrentan los directores es cómo ejercer el liderazgo en momentos de crisis sin perder de vista la visión de largo plazo. Al interior de la escuela, el director debe ser ejemplo de superación del presentismo, condición de la docencia que se refiere a la tendencia a reaccionar sólo a las necesidades del corto plazo.

Los directores están llamados a responder y adaptarse a diferentes contextos; pero también necesitan la formación y el apoyo para salvaguardar la escuela y construir desde allí el futuro que las nuevas generaciones se merecen. Como bien decía Dewey: “Es la misión de todos los interesados en la educación insistir sobre la escuela como el interés primario y más efectivo del progreso y las reformas sociales, de suerte que la sociedad pueda llegar a comprender lo que la escuela significa y a sentir la necesidad de dotar al educador de los medios suficientes y adecuados para realizar su misión”.

*Columnista de El Diario de Hoy. Twitter:@hmarchelli

Violencia Escolar

Escrito por Óscar Picardo Joao – La Prensa Gráfica

opicardo@iseade.edu.sv

Los fenómenos de violencia que se desarrollan en torno a los centros escolares no son en sí mismo episodios educativos; tanto en nuestro medio, o por ejemplo, en Estados Unidos –según el Centers for Disease Control (CDC); tomado de “Violence: What School Can Do”, Jill Anderson, Harvard GSE News, julio de 2011– la mayoría de comportamientos violentos entre los jóvenes se lleva a cabo fuera del aula. Pero esto no significa que las escuelas estén exentas de la cuestión de la violencia juvenil.

La violencia cotidiana es una realidad de vida de muchos niños, por lo que la escuela no puede ignorar el problema si se produce en la escuela o no.

La escuela es o debe ser la primera línea de acción ante fenómenos de violencia juvenil, y es en la escuela en donde se fortalecen las relaciones sociales y el aprendizaje para la convivencia con personas que no son familiares o vecinos. Dicho de otro modo, la escuela es el espacio ideal para conversar, tratar y buscar soluciones sobre la problemática de la violencia juvenil, o para discutir y analizar críticamente lo que consumimos a través de los medios de comunicación, TV, cine, internet, etc. (Betsy Groves, Boston Medical Center’s Child Witness to Violence).

En no pocos casos son los profesores, que pasan largas horas con los estudiantes, quienes detectan, incluso antes que sus propios padres, un problema de conducta, un trastorno o desorden proclive a la violencia, drogas, alcohol o pandillas; y son los maestros los que pueden comenzar a dialogar y tratar el tema.

En este contexto, no debemos olvidar que las causas de conducta violenta se comienzan a cosechar en una edad temprana, vinculada a la realidad familiar, a los hábitos de entretenimiento y a otras variables de la experiencia vivida en el desarrollo infantil temprano –1 a 3 años.

Debemos destacar en el análisis que los maestros pueden tomar dos actitudes: comprometerse y ayudar, o ser apáticos y sacar el problema fuera de su salón; en el primer caso no se requiere una formación especializada, sino la sensibilidad y el sentido común para escuchar, dialogar, entender los problemas y a la vez promover un rol de mediador y presentar diversos puntos de vista.

Digamos además que los problemas que están a la base de la violencia juvenil pueden ser una excelente herramienta didáctica para cumplir el objetivo macro-curricular de “enseñar y aprender a convivir”.

La enseñanza y el aprendizaje de lo académico debe integrar también la enseñanza y el aprendizaje de lo social y lo emocional, al fin y al cabo educamos para la vida; desde esta perspectiva, no podemos dejar de lado la construcción y el manejo de controversias, conflictos y dilemas en el aula para obtener soluciones creativas y colaborativas, y así trabajar en una formación axiológica con casos reales y cotidianos.

Serán los maestros quienes deben planificar actividades curriculares y extracurriculares para disminuir la violencia en torno a sus propios centros educativos: aprendizaje cooperativo para dinámicas sociales, resolución alternativa de conflictos y mediación, actividades culturales y deportivas, son algunas de las oportunidades didácticas de las que podrá tomar el maestro para cooperar en la disminución de la violencia juvenil.

El reto es complejo, y no es una tarea unilateral de la policía o la fiscalía el disminuir la violencia de los entornos escolares; obviamente los maestros necesitarán apoyo de psicólogos o trabajadores sociales, sin embargo, Jill Anderson comenta: “La escuela es una gran oportunidad para enseñar a resolver problemas; si les enseñamos a resolver complejos modelos matemáticos ¿cómo no vamos a resolver disputas sociales más sencillas?”

Miércoles, 24 agosto 2011

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