La enseñanza debe marchar de la mano con la realidad

Editorial LPG

Dotar a un joven o persona de las adecuadas herramientas intelectuales, los conocimientos, la disciplina y la motivación para desenvolverse con éxito en la vida, es lo mejor que su familia, su comunidad y su país puede hacer por ellos. Se trata de “enseñar a pescar” y no de regalarles pescado, hacer de ellos personas productivas, fomentar su sentido de independencia, transformarlos en seres dignos.

En lograrlo, de acuerdo con lo que declaró AMCHAM sobre el desfase educativo en nuestro país, está fallando la universidad y está fallando la escuela, ya que la mayoría de jóvenes con título o egresados no cumplen con las condiciones para optar a empleos que satisfagan sus aspiraciones y con potencial para superarse. O se tiene lo que se requiere o se condena a esos jóvenes a la mediocridad en sus vidas y su trabajo.

Gran parte del problema se deriva de que, en la mayoría de universidades, se sigue haciendo énfasis en las carreras tradicionales (derecho, medicina, ingeniería civil, etcétera) cuando las oportunidades están en las carreras técnicas y en el aprendizaje del inglés. Por desgracia, no sólo hay hostilidad de parte de las autoridades hacia los colegios bilingües, sino también se desperdician escasos recursos en intentar revivir el náhuatl a nivel escolar.

A esto se agrega que las cátedras de enseñanza en la UES son una especie de pensionado de activistas políticos, con escasa capacidad para innovar y que, por lo mismo, algunas se aferran al reciclaje de saberes si no muertos, al menos moribundos.

El primer paso para salir del parcial retraso en que está la academia es incrementar los acercamientos entre los que tienen en sus manos la enseñanza y los productores tanto nacionales como foráneos. En los últimos tiempos más y más directores de departamentos universitarios y docentes han establecido relaciones con empresas y sus dirigentes, con el propósito de actualizar lo que se imparte y preparar la enseñanza de nuevas disciplinas.

La aventura y la apuesta por nuevas tecnologías

No se puede enfatizar en suficiente medida la crítica importancia que hay de que docentes, decanos, encargados de departamentos en las universidades o rectores, se sienten a hablar con los que administran, dirigen y son los innovadores de sistemas y equipamientos de fábricas y empresas de toda naturaleza.

La dirigencia universitaria debe informarse con los que han introducido con éxito tecnología punta en una industria. Decidirse por equipos y sistemas es un proceso muy complejo en el que intervienen análisis de costos, posibilidad de implementación con el equipo humano con que se cuenta, el tiempo de vida útil y lo que se busca lograr.

Además, cada nuevo equipo o sistema que se introduce obliga a aprender casi de raíz todo lo relacionado con su funcionamiento. Se cambia un equipo y hay que comenzar desde abajo. Esa imparable innovación sólo la enfrentan con éxito quienes sin descanso “se mantienen al día” y están versados en lo fundamental de su respectivo campo de actividad.

Innovar, lo decimos por ser pioneros en la introducción a nivel regional de casi todas las tecnologías de avanzada en la elaboración de diarios e impresos, es marchar con el progreso, insertarse en la economía global. Tiene mucho de aventura, de “jugárselas”, de hablar y preguntar sin descanso, de buena o mala suerte. Son experiencias que de manera gustosa y constructiva compartimos.

La inversión en educación

Joaquín Samayoa

En casi dos décadas que han transcurrido desde la firma de los Acuerdos de Paz, no recuerdo haberme enterado o siquiera haber escuchado rumores de corrupción en el Ministerio de Educación. Es posible que haya habido algunos malos manejos de licitaciones o uso indebido de recursos estatales en campañas proselitistas del partido de gobierno, pero lo que predomina es una historia institucional de sana administración, lo cual amerita destacarse dada la magnitud de las operaciones y de los fondos que maneja esa cartera.

Las autoridades educativas del actual gobierno han respetado esa tradición de honestidad, con el valor agregado de un estilo de vida visiblemente austero de parte del ministro, viceministros y directores de las diversas dependencias. En meses recientes, se han reforzado además los mecanismos de auditoría interna y los procesos tendientes a hacer cada vez más transparente el manejo que hace el MINED de los fondos públicos.

Hasta donde mi conocimiento llega, también debe reconocerse el compromiso y la entrega de los equipos directivos que ha tenido el MINED. Lo mismo puede decirse de la mayor parte del contingente de docentes. Trabajan duro asumiendo desafíos complejos en circunstancias adversas sin recibir el reconocimiento que merecen. Por supuesto, también hay holgazanes y gente que se limita a cumplir los mínimos o carece de las competencias necesarias para realizar aceptablemente su delicada función.

Sin embargo, pasa el tiempo y no se aprecian cambios. Se sigue acumulando la deuda de cobertura y calidad en la educación pública. La insuficiencia y las deficiencias en la formación humana y profesional de nuestra gente se suman a otros graves problemas económicos y sociales para dejarnos, como país, a la zaga en un mundo incierto y cada vez más competitivo. El déficit en educación compromete nuestras posibilidades de crecimiento económico y también la vitalidad y el progreso de nuestra incipiente democracia.

La Comisión Presidencial para el Desarrollo de la Sociedad del Conocimiento, en su informe publicado el 30 de noviembre de 2004 (“Educar para el país que queremos”), planteó la aspiración de alcanzar al menos 11 años de escolaridad para toda la población. Esta aspiración, sumada a la de lograr mejoras sensibles en la calidad educativa, llevó a dicha comisión a recomendar que el Gobierno comenzara cuanto antes a dedicar aproximadamente un 6% del PIB a la educación, en el supuesto de que la economía crecería a una tasa promedio de 2.5% anual en los siguientes 10 años.

El plan educativo 2021 del gobierno anterior tradujo esa recomendación en un débil compromiso de incrementar progresivamente la inversión hasta alcanzar un nivel de 4% del PIB al finalizar el período de gobierno del presidente Saca. La realidad fue aun peor. Terminamos ese período sin elevarnos casi nada del nivel de 3%, cuando ya la crisis internacional y otros factores internos habían casi paralizado el crecimiento de nuestra economía.

En su “Plan Social Educativo 2009-2014” el Ministerio de Educación del nuevo gobierno retoma el compromiso de una inversión mayor en educación, pero aleja la meta del 6% del PIB para ser alcanzada en 2021. Mientras tanto, todos los países de Centroamérica, a excepción de Guatemala, han mantenido o elevado sus niveles de inversión educativa y nos están comiendo el mandado en lo que concierne a competitividad.

Seguimos sin tener un sentido de urgencia en estos asuntos. Como se ha dicho tantas veces, quien piense que la educación es cara, que pruebe la ignorancia. La falta de educación y la mala educación tienden a disparar los costos de la atención en salud, los costos de la seguridad pública y los costos de producción en las empresas. En la medida en que la falta de educación es un factor relevante en el problema del empleo también es causa de una baja recaudación de impuestos y de una mayor necesidad de gasto público en programas paliativos, que nos alejan cada vez más de la ruta del desarrollo económico y social.

En El Salvador, la inversión deficitaria en educación nos está saliendo muy cara, pero todavía no nos cae el veinte. El presupuesto de educación para 2012 sigue la tendencia histórica y, por añadidura, va desfinanciado en casi $40 millones.

¡Viva la patria!

Carlos E. Mena Guerra

Nuevamente celebramos el 15 de septiembre la independencia Patria, 190 años han pasado. Bueno es aclararnos el espíritu de esta celebración, nacida del propósito de unir a los centroamericanos y salvadoreños en libertad. Patria es la familia unida, Patria es añadir valor al proceso productivo del país, Patria es respetar la ley y la igualdad de todos ante la misma.

Recuerdo cuando en los años de escuela, los maestros motivaban con apasionado entusiasmo, a involucrarnos en estas celebraciones: participar en las bandas de música, adornar las aulas de clase y marchar con orgullo por las calles de la ciudad. Nos hacían claro el valor de la libertad heredada, que debemos respetar, cuidar con entusiasmo y mucho sacrificio de ser necesario.

Patria también es honrar a nuestros padres, respetar los adultos mayores, cuidar del niño y adolescente…, ser un buen salvadoreño.

Un buen salvadoreño se interesa por los problemas del país y está dispuesto para ayudar a resolverlos; un buen salvadoreño no tira basura en las calles, por el contrario la recoge de las cunetas de su hogar…, estos actos sencillos hacen también a un buen ciudadano y ayudan a construir país; con buenas y pequeñas acciones se cambia el mundo, la suma de todas ellas construyen a los grandes hombres y las grandes naciones.

Estos días de septiembre (los que restan) debemos adornar con banderas nuestros hogares, los parques y centros comerciales, enseñar a nuestro círculo cercano de influencia el valor de la independencia y la unidad nacional. Este año debe ser aprovechado para sembrar en las mentes y corazones de jóvenes y adultos, el tan necesitado amor por el país. Ese amor respetuoso que permite vivir en armonía, apreciar los derechos de los demás y reconocer los deberes personales, antes de demandar otra cosa.

Juntos seremos más fuertes, debemos darnos cuenta de la fortaleza de tener un buen clima y un país chico: vivimos muy cerca unos de otros, tenemos cerca el litoral y la sierra; las distancias a recorrer para transportar las cosechas son cortas; cultivemos nuestras tierras y tendremos alimentos; organicémonos en grupos de experiencias técnicas y tendremos equipos especializados; enseñemos a leer a un salvadoreño este año. Estas y otras buenas acciones es estar juntos, estas buenas acciones nos harán más fuertes.

Este mes y este año, proponete salvadoreño a abandonar los malos hábitos y hacer algo más por la familia, por tu Patria…, haz una pequeña acción o escoge hacer algo extraordinario y contundente que trascienda, así como lo hicieron nuestros antepasados hace 190 años. ¡VIVA LA PATRIA!

La educación y los medios digitales

La inserción en la actividad escolar primaria y secundaria de los medios que ofrecen las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) se ha convertido en una indudable necesidad para las generaciones de alumnos primarios y secundarios actualmente, en el cuadro de las demandas de la vida social, económica y cultural de hoy. Aunque hay suficiente consenso al respecto, falta mucho por debatir y decidir en el plano de las políticas que definan la incorporación generalizada de los nuevos recursos en la escuela.

Los cambios no sólo alcanzan al manejo eficiente de las computadoras, sino en comprender el rol que pueden asumir los nuevos medios al servicio de la lectura y la crítica de la información y de las imágenes ahora accesibles. Es importante, también, que los chicos aprendan a respetar normas básicas de conducta en el uso de instrumentos de tan poderosos alcances, tanto para lo positivo como para lo negativo.

Las autoras Mezzadra y Bilbao subrayan cuánto gravita en este proceso innovador la coherencia entre las políticas que definen sus objetivos en el proceso de la enseñanza y el nivel del equipamiento en las escuelas junto con la conectividad instalada, todo lo cual deberá articularse con los progresos de la capacitación docente en la materia y los contenidos curriculares por cumplir. Esta red de logros permitirá apreciar plenamente las funciones pedagógicas y sociales ampliadas que las TIC podrán cumplir en beneficio de los adolescentes.

Un capítulo fundamental de esta transformación se vincula con el tiempo en el ámbito escolar. Por una parte, los recursos digitales modifican las acciones del docente y de los alumnos en el tiempo del aprendizaje; por otra, la planificación de las tareas tiene que responder a criterios de flexibilidad y a la previsión de alternativas, según el tiempo abarcado, porque se trata de medios en constante innovación (sabido es que “las tecnologías de última generación” envejecen pronto).

Las opiniones de numerosos especialistas sobre la materia fluctúan de manera extrema, pero ello es lógico. Hay quienes consideran que las TIC constituyen una innovación óptima que transformará de raíz la enseñanza y hay quienes advierten especialmente sobre sus riesgos, sobre todo si los alumnos quedan librados a su propio juicio, sin el control de padres y maestros. Sin embargo, y a pesar de las oposiciones, la enseñanza siempre avanza más allá del mero uso instrumental de los medios. Lo que se requiere en nuestro medio es el desarrollo armónico de las políticas, los recursos, la formación docente, la planificación curricular. En esa armonía cuenta necesariamente el desarrollo de las TIC en el interior.

Sería lamentable entonces que la promoción de esos medios sirviera para incrementar las desigualdades que abruman a nuestra educación y que, lamentablemente, pueden observarse diariamente. Como tampoco es aconsejable utilizar su distribución con fines demagógicos, como pareció desprenderse del reciente anuncio de la Presidenta, hecho al entregar 2400 portátiles en un club de Ciudad Evita, en el sentido de que los alumnos de quinto año que egresen sin llevarse ninguna materia “no van a tener que devolver la computadora”, como una manera de “premiar el esfuerzo”, algo que, en principio, no parecía estar previsto en el programa.

Las revistas virtuales, son un recursos de puede ser utilizado y apovechado por los docentes, este brinda beneficios no solo en el aprendizaje en conjunto si no en el uso de recursos técnicos que permiten que el alumno se prepare de manera integral.

En este link podemos ver un ejemplo de como se utiliza este valioso recurso tecnológico.

Revistas virtuales

Escuelas industriales para ciudadanos digitales…

Óscar Picardo Joao

opicardo@iseade.edu.sv

Si hipotéticamente un sujeto sufriera una especie de “narcolepsia” –se quedara dormido– en el siglo XVIII, en un quirófano de un hospital, y despertara en el siglo XXI en un quirófano contemporáneo, se asombraría de los cambios tecnológicos. Si el sujeto padeciera lo mismo en un aula de una escuela pública latinoamericana al despertarse no se diera cuenta de que han pasado más de dos siglos… se encontraría con la pizarra, los niños sentados en los pupitres escuchando y un (a) maestro (a) al frente dictando la clase…

Tal como lo señala Alvin Toffler, no podemos seguir educando con parámetros, principios, docentes y currículum de la era industrial en plena sociedad del conocimiento y en una economía de la información; la escuela actual debe cambiar, su modelo está obsoleto dice Toffler, y no solo se refiere a su diseño funcional, sino también a la base pedagógica, la cual no responde a los conocimientos, habilidades, destrezas y técnicas para el desarrollo del pensamiento crítico. Toffler anota: “La ‘escuela del mañana’ debería funcionar las 24 horas, ofrecer un servicio adaptado a las necesidades y los intereses de cada alumno y de las empresas, y con un currículum interdisciplinario no solo en cuanto a contenidos, sino también por sus exponentes. Las clases deberían darlas no solo los maestros –quienes a su vez deberían pasar parte de su tiempo en el mundo empresarial–, sino todos aquellos que tengan algo para dar”.

Pero sin llegar al extremo del planteamiento al estilo de “futurismo pop” de Toffler debemos preguntarnos: ¿Han cambiado nuestras escuelas y universidades en los últimos 20, 30 o 40 años?, ¿qué podemos y debemos hacer para avanzar y actualizar nuestros sistemas educativos para la sociedad actual? Algunos países han optado por programas como el “One Laptop per Child” (OLPC), incorporando las tecnologías de la información, PC e internet en las aulas; otros están cuestionando a fondo sus modelos, sus entornos y sus docentes; en Estados Unidos se impulsó el programa “No Child Left Behind” (NCLB) (que ningún niño se quede atrás) el cual busca disminuir las diferencias de logro, responsabilizar a las escuelas por el rendimiento de todos los estudiantes y tener maestros “Altamente Calificados” en todas las clases; mientras que la mayoría de países latinoamericanos se mantienen estáticos con aulas y maestros tradicionales, con el agravante de ni siquiera tener laboratorios básicos para que los estudiantes puedan comprender y aplicar lo que conocen.

Cada día más, nuestros estudiantes están sometidos a contrastes y brechas, a través de la telefonía móvil, de los programas de TV por cable, de la publicidad inteligente y de las diversas aplicaciones informáticas y robóticas que emergen cotidianamente en los sectores empresariales y productivos. Por ejemplo, en las salas de cine ya existen pantallas planas táctiles para seleccionar la programación, también en el pre-cheking de las líneas aéreas, ni hablar de toda la tecnología que puede administrar un teléfono blackberry, los mecánicos automotrices ya se enfrentan a afinados digitales y a la inyección electrónica, entre muchas otras experiencias.

La tecnología viene con fuerza y no hace excepciones, mientras más nos tardemos en reaccionar en las escuelas y universidades, más desventajas y problemas tendrán los niños y jóvenes para enfrentar y resolver el futuro. Es lamentable ver nuestro presupuesto educativo estancado, sin avances, sin ideas para el futuro, razonado desde el pasado, para resolver problemas del presente. Lo que hoy podamos planificar y hacer podrá repercutir educativamente en una o dos décadas; el futuro está en juego, más aún si nuestro mayor capital y recurso es nuestra gente y su patrimonio educativo.

La tecnología avanza pero lejos va la enseñanza

Editorial El Diario de Hoy

“Para las 3,000 plazas que estuvieron disponibles en la feria de trabajo organizada hace casi un año por la Cámara Americana de Comercio de El Salvador (Amcham), sólo unas 800 personas lograron colocarse porque cumplieron con el perfil requerido por las compañías…”, dice un comunicado de la American Chamber of Commerce, AMCHAM, al reflexionar sobre el déficit educacional que se sufre y que se puede resumir así:

El sistema de enseñanza no siempre prepara a sus estudiantes para enfrentar los desafíos del mundo de trabajo, del trabajo real. A esto se suma que solicitar un empleo, escribir un curriculum y además pasar bien una entrevista, son habilidades que se aprenden pero que por lo general no se enseñan ni se advierte a los jóvenes que deben capacitarse para superar esas pruebas.

La raíz del problema, en una sustancial parte, se deriva del divorcio, o inclusive animosidad, de ciertas universidades de cara a los sectores productivos, a los que inclusive llega a ver como “enemigos del pueblo, contrarios a los intereses de las mayorías”.

El resultado es que en muchas aulas se reciclan ideas muertas, se enseñan tecnologías desfasadas y se inculcan comportamientos opuestos a lo que exige la vida contemporánea.

Los productores demandan conocimientos básicos, alguna experiencia y, casi siempre, la habilidad de seguir instrucciones, de poder aplicar a una tarea precisas técnicas y procedimientos. Casi siempre, además, se entrena en aquello que se hace, se adaptan conocimientos a las exigencias y en ocasiones se asignan temas para el estudio privado, fuera del empleo.

Como ejemplo, un egresado de administración puede llegar a una empresa sin poder usar excel o sus equivalentes, lo que lleva a que lo entrenen, le exijan que asista a una academia o que lo estudie por su cuenta. El joven queda enriquecido pues aprende algo nuevo y además practica cómo aplicar ese conocimiento.

O se actualizan o quedan rezagados

Pero hay un ingrediente mucho mas pesante en esto: que el saber no es estático, las tecnologías cambian de manera vertiginosa y lo que tenía validez hace cinco años es hoy cosa del pasado. Steve Jobs, el creador de Apple, dijo hace poco que nadie imagina lo que habrá dentro de cinco años, inclusive en algo de uso tan corriente como los teléfonos o los mandos de aparatos electrónicos. Ya se habla de colocar chips en los celulares para sustituir a las tarjetas de crédito.

Cuando se le preguntó a un experto en telefonía sobre el valor de la vieja ANTEL, su respuesta fue que era “un montón de chatarra bajo el suelo”. A lo largo de las carreteras que bordean Pontiac en Michigan, hay galpones oxidados con otro montón de chatarra también oxidada; los “eternos medios de producción” de la teoría marxista, se oxidan con rapidez, como oxidadas están las instalaciones del viejo IRA en las cercanías de San Martín. Oxidados los silos pero muchísimo más oxidadas las ideas que lo mantuvieron en operación hasta que la muerte se apiadó del ente.

Los productores están forzados, en particular por la competencia, a renovar su tecnología, sus conocimientos, sus equipos. Ellos pueden tener la última tecnología y el último conocimiento, pero por un fugaz instante. Van por delante del resto unos pasos; el que se atiene o deja de actualizarse, corre el riesgo de desaparecer; por eso son buenos maestros.

Honrar a la Patria, deber de todos

Rolando Balmore Pacheco

El ritual y simbolismo del que están impregnadas las festividades patrias está significando el respeto, la reverencia y el amor que los salvadoreños y las salvadoreñas le debemos a nuestro país. El ritual de las festividades cívicas por lo tanto no es vacío de significado.

Es una excelente oportunidad para enseñar que la patria (la cosa pública-de todos) se cuida, se respeta, se protege, se ama y se tiene en un lugar de privilegio.

Evidentemente, la sola reflexión no es suficiente. Todas y todos los salvadoreños debemos “marchar” con paso firme hacia la construcción de un mejor país.

Debemos abrir los oídos para escuchar con respeto las sagradas notas de nuestro Himno Nacional, pero al mismo tiempo para escuchar, con sensibilidad social y actitud solidaria, las voces de los salvadoreños que demandan mejores condiciones de vida, mejores oportunidades de educación, salud, vivienda, empleo, para escuchar las voces e una diáspora que añora regresar a su terruño querido.

El civismo reducido a unas ciertas prácticas y rituales es intrascendente. Estas son importantes en tanto estén impregnadas de significados que enseñen a los niños y a los jóvenes el respeto a la patria y a su gente. Practicar el civismo es ser buenos vecinos, buenos trabajadores, buenos estudiantes, buenos servidores públicos y buenos ciudadanos.

Año tras año, los datos del Índice de Desarrollo Humano, presentados por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), nos ubican en posiciones desalentadoras, con casi el 50% de nuestra población en situación de pobreza, con el 60% de los salvadoreños y las salvadoreñas sobreviviendo con apenas dos dólares al día, por lo que cabe la pregunta cuán suficiente es nuestra actuación cívica para sacar de la miseria a la patria que todos decimos “de hijos suyos podernos llamar”.

Emprendamos pues una “marcha” permanente, firme e incansable, con entusiasmo y paso firme hacia esa mejor patria que todos queremos: con menos violencia, con menos inseguridad, con menos corrupción, con menos contaminación. Hacer algo para alcanzarlo es un deber cívico de todas y todos los salvadoreños.