Violencia, educación y diálogo

José M. Tojeira

“Si la escolaridad es indispensable tanto para el desarrollo económico y social como para el fortalecimiento democrático e institucional, la responsabilidad de cuidarla es de toda la ciudadanía.”

La educación es clave a la hora de educar para la convivencia social. Más tiempo en la escuela significa menos violencia, más desarrollo, más posibilidades de cohesión social. Los expertos aseguran que para salir del subdesarrollo es necesario que al menos un 70% de la población joven termine la educación secundaria. En Honduras y Guatemala solo el 30% la termina. En El Salvador, un 40% aproximadamente. En nuestro país, en 2005, se lanzó el Plan 20-21. En él se proponía llegar a una inversión en educación del 6% del Producto Interno Bruto (PIB) salvadoreño para el año 2021, conmemoración del segundo bicentenario de nuestra independencia. Si todos los años hubiera crecido la inversión en educación en la proporción adecuada para llegar en 15 años a ese 6% deberíamos estar invirtiendo en la actualidad el 4.2% del PIB.

Tristemente estamos en un 3.2%. A este paso no llegaremos al objetivo propuesto. Y ciertamente no tendremos un 70% de nuestros jóvenes con bachillerato.

Pero la problemática no es solo económica. La violencia amenaza nuestras escuelas. Los jóvenes son el sector social más golpeado por la violencia. En algunas zonas, tanto alumnos como profesores viven bajo la amenaza y el miedo; en otras, la falta de diálogo y orientación provoca enfrentamientos entre los alumnos de diferentes colegios. Ser joven es riesgoso en El Salvador, y el riesgo se acerca con frecuencia a la escuela.

Si la escolaridad es indispensable tanto para el desarrollo económico y social como para el fortalecimiento democrático e institucional, la responsabilidad de cuidarla es de toda la ciudadanía. En ese sentido, la consulta nacional titulada “Educación para un país sin violencia”, que está impulsando el Consejo Nacional de Educación, se vuelve fundamental en la coyuntura presente. Conocer las impresiones, análisis, reflexiones, propuestas de solución de muy diversos sectores de la ciudadanía dará insumos y pistas para avanzar en el logro de una educación universal, eficiente y segura. Además, me atrevo a decir que más importante, pondrá en el punto de mira de nuestras inquietudes personales y sociales el tema educativo.

Es cierto que la educación de calidad, la permanencia en la escuela, la universalización del bachillerato, o de los 11 años de educación equivalentes, no nos ofrecerán resultados automáticos frente a los problemas que nos acechan. Pero todos los entendidos saben que a mayor permanencia en la escuela, y a mayor calidad de la educación, disminuyen drásticamente los niveles de violencia y aumentan exponencialmente las posibilidades de desarrollo y bienestar. En ese sentido, la educación tiene que estar mucho más presente en nuestros debates, esfuerzos, inversiones y proyectos. Es un tema en el que podemos llegar a acuerdos nacionales fácilmente y en el que todos tenemos opinión y responsabilidad. Necesitamos escuelas sin amenazas de violencia para que puedan ser eficientes. Y tenemos el reto de unir opiniones, compartir responsabilidades, detenernos un poco más a pensar en aquellos a los que llamamos el futuro del país, y a los que podemos legarles un país sin futuro, si no protegemos la escuela y no invertimos adecuadamente en educación.

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