Por un auténtico diálogo social en educación

Por Helga Cuéllar-Marchelli*

“¿Qué piensa de las protestas de los estudiantes en Chile exigiendo calidad educativa?”, escuché a alguien decir cuando contesté el teléfono. “Don Santiago, ¿es usted?”, respondí con duda. “¡Disculpe! Tengo tanto interés en saber qué piensa de la experiencia de diálogo social en la educación chilena, que olvidé saludarla. ¿Cómo está usted?”, me dijo.

Yo guardé segundos de silencio y pensé en lo agradable que es contar con un colega maestro, interesado en comprender qué pasa en otros países para ganar mayor comprensión de la realidad local.

Nuestra conversación telefónica duró más de una hora. A pesar que en algunos puntos tuvimos diferencias de opinión, el intercambio de ideas con don Santiago fue como siempre ha sido: estimulante y beneficioso, quizá porque éste es producto del deseo de aprender del otro.

Al fin y al cabo, ambos somos profesionales de la educación.

Se preguntará usted, amigo lector, qué pienso acerca de la experiencia chilena en materia de diálogo social en educación. En Chile, las protestas de estudiantes universitarios y de secundaria de este año constituyen uno de los movimientos ciudadanos más fuertes desde el retorno a la democracia.

Éste ha sido respaldado por casi todos los actores del sistema educativo chileno, incluyendo al Colegio de Profesores.

Este último, es el gremio magisterial, el cual cuenta con más de 100,000 afiliados y se caracteriza por ser pluralista y respetuoso de las diversas posiciones ideológicas que existen entre sus miembros.

A través de las protestas, las cuales han sido apoyadas por otras organizaciones sindicales y gran parte de la ciudadanía, se exige al Gobierno que realice reformas profundas a la educación. Se pide garantizar que ésta sea considerada un derecho, favorecer la gratuidad en el sistema escolar, modificar el sistema de financiamiento y políticas para elevar la calidad.

Ante esta crisis, lo más interesante, es que ha prevalecido la voluntad de dialogar y todos los actores sociales han provocado que esto ocurra. El Gobierno, los estudiantes, los maestros, el sector privado y los partidos políticos han presentado medidas para solucionar el conflicto.

El proceso de diálogo sigue en marcha con calendario, mesas de trabajo y la determinación de encontrar consensos mínimos acerca de la estrategia educativa de corto y largo plazo.

En El Salvador, los gremios magisteriales han realizado marchas pacíficas de protesta debido al desacuerdo en torno a la aplicación del aumento general del salario público a los docentes y las revisiones salariales que exige la Ley de la Carrera Docente.

Ya se anuncian nuevas marchas y el boicot a las actividades cívicas. Esto es producto del sinsabor que dejó una promesa de palabra acerca de dicho aumento salarial sumado a las dificultades para financiar el gasto público que enfrenta el Gobierno.

A diferencia del caso chileno, en El Salvador ningún actor de la comunidad educativa ha protestado por la baja calidad. Tampoco se ha visto un respaldo de diferentes actores de la vida social a la causa de los protestantes.

Además, pareciera que en la relación entre el Gobierno y los gremios magisteriales todavía están aprendiendo a dialogar con pragmatismo y respeto. En Chile, el diálogo social no es fácil, pero avanza decididamente. Los salvadoreños merecemos un auténtico diálogo social en educación.

El magisterio y el Gobierno deben dar el ejemplo, asumiendo con mayor responsabilidad el compromiso de lograr acuerdos.

*Columnista de El Diario de Hoy.

@hmarchelli

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