La computadora auxilia en la buena educación

Editorial EDH

Nada en exceso, enseñaron los griegos.

Sin computadoras ni equipos electrónicos opera una escuela del Valle del Silicón de California, que ha retomado los métodos tradicionales para educar a sus alumnos, como pizarras, lápices y cuadernos, libros y actividades diversas. Lo notable es que, en su mayoría, los padres de esos niños son ejecutivos y técnicos de compañías de alta tecnología como Apple, Google y Hewlett Packard.

La diferencia, empero, siempre la hacen los maestros, aunque no necesariamente los que están en el aula, pues maestros pueden ser también los padres, hermanos y familiares de un niño. Lo que importa es la creatividad, el interés y la ética del que toma en sus manos la formación de niños, incluyendo la de los propios.

La tecnología siempre se debe ver como un valioso auxiliar de la enseñanza, pero no como algo imprescindible ni menos dominante. A fin de cuentas, en ninguna parte y ninguna época se ha dado la pléyade luminosa de genios y visionarios como en la Edad de Oro de Grecia y el Renacimiento italiano, tal vez porque lo limitado de los medios obligó a usar en la mejor y más eficiente manera lo que se tenía a mano. En Grecia la educación se basó primordialmente leyendo y memorizando La Ilíada, lo que despertó la extraordinaria sensibilidad por la belleza que les caracterizó, además de educarlos en lo que son estructuras de pensamiento como lo es el gran poema épico que narraba, en teoría, su propia historia.

Cuando las escuelas carecen de casi todo y los maestros no tienen la mejor formación, la tecnología ayuda a complementar los magros recursos, en particular textos, gráficas, información y “ventanas al mundo”.

Nada sustituye, a los buenos libros

Por lógica, y a la vista de las calamidades por las que han pasado el país y sus estructuras, la escolaridad es precaria porque las condiciones en que la enseñanza se desarrolla son casi de supervivencia en las zonas más pobres.

A esto se suma que antes, con el programa EDUCA, que recibió premios hemisféricos, las comunidades participaban en la educación de sus hijos y no sólo contribuían a paliar necesidades sino que también, lo más importante, vigilaban el comportamiento y desempeño de los docentes y directores.

El acosador, el faltista, el irresponsable y el amoral sabían que los estaban viendo, como también los buenos maestros eran merecedores de estima. Lástima que por un pésimo y mal intencionado asesoramiento, las actuales autoridades suprimieron el programa, pero hay tiempo de rectificar.

Lo que está en juego y eso debe siempre tenerse presente, es el futuro de los que ahora son niños y jóvenes, sus posibilidades para constituir familias tranquilas y hasta felices, ser productivos para sostenerse, ser buenos ciudadanos. El énfasis que se pone en contar con computadoras en las escuelas es para que los estudiantes se familiaricen con lo que será una herramienta decisiva en la mayoría de empleos.

No sólo herramienta de trabajo, sino que la computadora es el mejor auxiliar para la propia capacitación, para aprender más y elevar la productividad.

Lo importante es evaluar todo el tiempo, innovar, y aprovechar las experiencias de otros. Nada sustituye a los buenos libros, a aprender a pensar por sí mismos, a memorizar datos esenciales del saber, a leer con atención, a conocer lo esencial de la matemática.

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