Resultado PAES: preocupante alerta

Claudio M. de Rosa

El fuerte retroceso experimentado en los resultados de la PAES es altamente preocupante, porque a los jóvenes que se han graduado del sistema público en los últimos tres años se les ha restado oportunidades para progresar. Si bien el resultado tiende a reflejar el esfuerzo desde la educación primaria, también es innegable que si se dejan los jóvenes a la deriva en los últimos años se produce un bajón en su rendimiento. Tampoco se podrá evadir la responsabilidad de haber eliminado EDUCO, haber descartado el Plan 2021, que se suman a altos grados de improvisación, presupuesto alejado de las verdaderas necesidades, así como la violencia, que se ha cobrado la vida de 126 estudiantes al 15 de noviembre de 2011, con miles de maestros sufriendo extorsiones.

Los resultados de la PAES mostraron una mejoría cada año desde 2002, cuando en sus inicios se registró una nota promedio de 4.56 (2003: 4.70; 2004: 4.77; 2005: 5.04; 2006: 5.53; 2007: 5.92, casi aprobando como sistema), hasta lograr 6.17 en 2008, una nota que mostró que la educación pública había logrado “pasar el examen”.

Durante el gobierno del FMLN se ha experimentado un alarmante retroceso. Del 6.17 obtenido en 2008, se bajó a 4.99 en 2009, se tuvo una leve mejoría en 2010, con 5.14, pero se vuelve a caer en 2011, con una nota promedio nacional de 4.85, la calificación más baja desde 2004. Un retroceso de 7 años. Preocupa aún más porque la PAES tiene bastantes limitaciones y se ve rezagada en demanda de conocimientos comparado con lo requerido en otros países. Los resultados son mediocres y no compite con los mejores sistemas educativos de Latinoamérica y menos con los de países desarrollados.

Si observamos con detención, el desafío es grande para El Salvador, porque los países con territorios relativamente pequeños, con escasas riquezas naturales deben crear riqueza apostándole al “conocimiento”, lo que solo se logra con educación de calidad. Esta es la única forma que permite generar oportunidades para competir en el mundo moderno, incorporarse a las cadenas de producción mundial, sin abandonar su país e incrementar el bienestar de su persona y su familia.

Contrariamente, baja calidad en la educación, alejada de las demandas del mundo moderno, integrado y globalizado limitan las oportunidades para progresar de la persona. Esto es, se hace más difícil encontrar el camino para combatir la pobreza, para lograr mejores salarios, porque se tiene bajo capital humano.

Si bien la situación fiscal es apretada, una buena racionalización y recortes de gastos superfluos permitirían aumentar la asignación para Educación. Hay que considerar que no se puede demandar una educación de calidad si los docentes no tienen adecuados programas de actualización de conocimientos ni incentivos económicos ni de materiales ni equipos adecuados. Esto debe superarse o de lo contrario el progreso será lento y desproporcionado.

El mundo moderno ha elevado los requisitos de conocimientos de matemáticas, demanda mayor acceso a la ciencia y tecnología y el idioma inglés –como segunda lengua– se hace imprescindible. Todo esto en un contexto donde se necesita tener cada vez mayor capacidad de comunicar, paso ineludible para ser parte de la sociedad del conocimiento.

Esta situación nos debe llevar a reflexionar, porque todo indica que se está requiriendo una reforma profunda del sistema de educación salvadoreño, para dejar atrás el sistema arcaico de “enseñar” en vez de estimular al alumno para que “aprenda a aprender”, para que desarrolle habilidades para “pensar y crear”.

Como salvadoreños debemos demandar una “reforma” para que la educación pública nacional responda a las demandas del mundo moderno, integrado y globalizado. Esto significa que el sistema de educación nos debe entregar jóvenes con visión global, con dominio de la tecnología que impulsa el conocimiento y con capacidad para ser parte de las cadenas de producción mundial. Si no le ponemos atención a la tecnología veremos que se amplía la brecha digital dentro del país a la que se suma una mayor brecha con los países desarrollados.

El pobre resultado de la PAES debe llevar a reflexionar sobre la necesidad de una profunda reforma educacional, que responda a las necesidades del mundo moderno y deje de lado las concepciones políticas internas. Esto se presenta como otro gran desafío para El Salvador.

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