Distintas inteligencias para una buena educación

Dr. Luis Fernández Cuervo*

Escribí no hace mucho que no es el cerebro el que piensa en nosotros sino el alma, el alma de cada uno. O mejor dicho: la persona entera con su cerebro, su cuerpo, sus ilusiones, principios, prejuicios y situaciones en la sociedad y el mundo. En mayo de este año, Howard Gardner, catedrático de Educación en la Universidad de Harvard, obtuvo en España el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales.

Gardner no es neurólogo sino psicólogo orientado a temas de educación y explica que no tenemos una sola inteligencia, como se viene midiendo desde hace años en test muy acreditados, por ejemplo el “Raven”, dónde se puntúa la mayor o menor inteligencia que arroja ese test.

Gardner dice: la inteligencia no es una sustancia en la cabeza, como si fuera aceite en un recipiente. Es una colección de potencialidades. No tenemos una sola inteligencia sino que cada persona posee al menos ocho habilidades cognitivas. Gardner las denomina “inteligencias múltiples” y las clasifica así:

1.- Lingüística y Musical: Sensibilidad especial hacia el lenguaje hablado y escrito. En los niños se aprecia en su facilidad para escribir, leer y resolver crucigramas. 2.-Lógico-matemática: Facilidad para la aritmética y las ciencias empíricas. 3.-Corporal: Facilidad para los deportes y manualidades. 4.- Espacial: Facilidad para el dibujo. 5.- Interpersonal: Facilidad para trabajar con los demás (¿equivaldrá a la inteligencia emocional ya conocida por los trabajos de Daniel Coleman?) 6.- Intrapersonal: para comprenderse a uno mismo y autorregular su propia vida. 7.- Naturalista: Reconocer el entorno natural. 8.- Espiritual-filosófica: para saber plantearse preguntas transcendentales.

Uno pude no estar de acuerdo con esas clasificaciones, darles otros nombres, dividirlas o añadir otras mas –yo personalmente no veo a lo lingüístico y lo musical como un solo tipo de inteligencia porque una de las personas más inteligentes que he conocido para saber expresar ideas tiene un oído musical absolutamente nulo–, pero en todo caso es una buena base partir de esas diversas potencialidades intelectuales, para una educación personalizada.

Deben tomarse en serio y evitar clasificar a los alumnos como si fueran más listos o más tontos. Hay que clasificarlos en términos de cuál de sus inteligencias es la más fuerte.

Luís de Rivera, director del Instituto de Psicoterapia e Investigación Psicosomática de Madrid, interpelado por la prensa sobre lo dicho por Gardner, sacó la conclusión práctica: “Lo importante en la enseñanza es fomentar que los alumnos desarrollen un mínimo de todas las inteligencias y que logren sacar el mayor provecho de la que tienen más capacitada”.

Bien, pero si tenemos en cuenta esto, se plantea también lo que cada vez fue tomando más fuerza: que toda la enseñanza escolar, además de personalizada debe ser diferenciada, distinta para las mujeres que para los hombres.

Recordemos el libro de Leonard Sax, “Why Gender Matters: Por qué importa el género”, que aportó datos valiosos sobre la importancia de la educación diferente. Allí se señalaban las diferencias en el modo de pensar en los niños y en las niñas, empezando por las diferencias de las zonas cerebrales empleadas. Por ejemplo: a la edad de cinco años, para orientarse, los niños utilizan el hipocampo cerebral; las niñas, el córtex cerebral. La velocidad a la que maduran sus cerebros es distinta. Más que decir que los chicos se desarrollan más lentamente que las chicas, es más correcto decir que se desarrollan a un paso distinto. Las habilidades del lenguaje se desarrollan antes en las niñas, mientras que la memoria espacial madura antes en los niños.

Después de Sax siguieron apareciendo estudios de neurólogos, psicólogos y pedagogos y ahora ya es una evidencia que lo mejor es la educación diferenciada y personalizada. Seguir con la educación mixta es, pues, un atraso. Puede tener ventajas económicas, pero de ningún modo pedagógicas.

*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy. luchofcuervo@gmail.com

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¿Qué mide la PAES…?

Óscar Picardo Joao

opicardo@iseade.edu.sv

Históricamente, la PAES desde 1997 a la fecha se ha destinado para evaluar a los estudiantes e indirectamente al sistema educativo en cuatro áreas: Matemáticas, Ciencias Naturales, Ciencias Sociales y Lenguaje y Literatura; es decir, ha tenido un enfoque eminentemente academicista. No obstante, la educación como tal va más allá de estas cuatro disciplinas, la trasciende, y debemos tomar en cuenta otras dimensiones educativas asociadas a la calidad de vida y/o ciudadanía de los bachilleres.

El Currículum Nacional (1997) establece el tipo de ciudadano que se pretende formar en nuestro sistema educativo bajo una amplia visión antropológica, sustentada en cinco fuentes: filosófica (cosmovisión y autocomprensión de la realidad y de la historia), Epistemológica (dialéctica y relación con el entorno a través del conocimiento), Psicológica (su concepción de evolución racional y desarrollo de su juicio ético), Sociológica (la interacción con la alteridad en los niveles micro, meso y macro) y Biológica (desarrollo físico sexualidad y ecología).

Obviamente, en su conjunto las disciplinas académicas –Lenguaje y Literatura, Matemáticas, Ciencias Naturales y Ciencias Sociales– dan un bagaje cultural de ciudadanía y democratización; también la interacción en la familia, en la comunidad educativa y en la sociedad tienen un rol pedagógico, pero la mayoría de estas experiencias quedan fuera de las “Tablas de Especificaciones” de las pruebas estandarizadas tipo PAES.

Hoy vivimos un entorno más violento, consumista y global; y por si fuera poco, hay que hacer educación con aliados muy débiles: una familia desintegrada y el relativismo ético mediático; y falta algo más… somos un país con altos niveles de pobreza, exclusión y migración. ¿Podemos así exigir o pensar en notas de PAES a nivel de promedio nacional superior a 6? (solo si somos ingenuos). Las cosas están muy claras en los dos sistemas que tenemos; a nivel privado las notas corresponden a rendimientos de clase media y alta, y a nivel público –salvo excepciones– notas de clase baja; colegios privados –no todos– tienen controles de calidad, equipamiento, docentes evaluados, cumplen el calendario escolar y los estudiantes están bien alimentados, poseen conectividad, etcétera; en el sistema público todo es más limitado.

La PAES refleja una realidad de país, más que de un sistema educativo; hay una correlación clara y lógica entre desarrollo económico y educación; ¿conoce usted algún ministro o ministra en estos últimos veinte años que haya tenido a sus hijos en el sistema educativo público?, y posiblemente lo de ministro sea mucho decir, posiblemente ni directores nacionales, ni gerentes, ni mandos medios ministeriales confíen sus hijos al sistema en el cual trabajan. Si esto suena fuerte, pues dejemos de rompernos las vestiduras técnicas sobre las causas de los resultados de la PAES y hagamos algo en serio…

Medidas técnicas posibles: a) coherencia entre calendario y currículum; b) baremo socio-económico para pruebas estandarizadas (público, privado, urbano y rural, mientras logramos la anhelada equidad); c) devolución técnica detallada de resultados a docentes y evaluación de desempeño docentes sobre base de resultados (incluyendo estímulos); y d) articulación entre el sistema de enseñanza y el sistema de evaluación (fuentes de ítems universales). A nivel de políticas: e) obviamente más inversión en cantidad y calidad; f) diseño de consensos para el largo plazo; y g) programas focalizados y sustentados en costo-beneficio y tasa de retorno.

¡Ya llevamos 15 años quejándonos sobre los resultados de la PAES!, tenemos el “dato” del termómetro recurrente; pero siempre falta el diagnóstico etiológico y la profilaxis, así podremos evitar que el paciente muera de cansancio… y de paso dejaremos de engañar a los bachilleres dándoles un diploma que en realidad no tiene valor.