Regreso a clases

El Salvador niños

Caricatura de RUZ

Publicada en El Diario de Hoy – 23 enero 2012

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Educación en derechos humanos

Escrito por Joaquín Samayoa

Hay que ver y oír para creer. De las palabras pronunciadas por el presidente Funes el pasado lunes en El Mozote podría inferirse erróneamente que, antes de él, nadie se ha ocupado de incorporar la temática de los derechos humanos en el currículo para la formación de oficiales de la Fuerza Armada. En la misma tónica se expresó, acto seguido, el ministro de Educación al afirmar que se iba a revisar el currículo a fin de incorporar esa temática “para comenzar en El Salvador a construir una nueva cultura de paz, una cultura democrática” basada en la enseñanza de los derechos humanos.

Ambas declaraciones ponen de manifiesto un asombroso desconocimiento de lo que ha estado ocurriendo en el país en los últimos 20 años, o una actitud de no querer reconocerlo ni siquiera en la fecha en que conmemoramos el vigésimo aniversario de los Acuerdos de Paz, ocasión que debiera haber servido para que los líderes de la nación hicieran una seria reflexión sobre lo que hemos caminado y lo que nos falta por hacer.

El presidente presenta como ocurrencia suya, como gran novedad merecedora de aplauso, algo en lo que muchas personas han venido trabajando con esmero desde hace casi veinte años.

Para información de ellos y de todos aquellos que aún no lo saben, me permito señalar que uno de los acuerdos incluidos en el documento de Chapultepec fue la creación del Consejo Académico de la Escuela Militar Capitán General Gerardo Barrios, institución en la que adquieren su formación básica todos los oficiales de las fuerzas armadas de nuestro país.

Desde la juramentación de los miembros que integramos el primer Consejo Académico de la escuela militar, en agosto de 1992, hasta estas fechas, dicho organismo ha venido trabajando, en estrecha y armoniosa relación con sucesivos directores de la escuela, en revisar y actualizar los programas de estudio. A la temática de derechos humanos y valores democráticos se le dio particular relevancia desde entonces en la formación de las nuevas generaciones de oficiales.

Por su parte, el Comando de Doctrina y Educación Militar (CODEM) de la Fuerza Armada ha venido coordinando con el Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH), con sede en San José, Costa Rica, para incorporar la formación en derechos humanos en los planes de formación continua que fundamentan los ascensos a lo largo de la carrera militar.

Le habría bastado al presidente un rato de conversación con su nuevo ministro de Justicia y Seguridad Pública, quien también ha desempeñado el cargo de ministro de Defensa y director de la Escuela Militar, para haberse enterado de que no hacía falta una instrucción suya para hacer algo que desde hace tiempo se hace y se hace muy bien.

La Fuerza Armada ha sido ejemplar en el cumplimiento de letra y espíritu de los Acuerdos de Paz. Aceptó su depuración, renunció al poder y a los privilegios que siempre había tenido, asumió disciplinadamente su nuevo rol y renovó completamente los criterios para la selección y la formación de sus nuevos oficiales. Si tanto hablamos de justicia, habría sido un buen gesto de parte del presidente hacerle justicia a ese esfuerzo institucional y personal que tanto ha contribuido a la estabilidad y a la armonía de El Salvador.

De igual manera, el ministro de Educación y vicepresidente de la República debiera saber que la temática de derechos humanos figura de manera muy destacada en los programas de estudio de bachillerato desde 1997. Hasta se incluyen preguntas sobre esa temática en la PAES. En aquellos años, la UCA y el IIDH diseñaron módulos para la formación de maestros en los conocimientos, valores y competencias pertinentes al respeto de los derechos humanos.

Les hubiera bastado al presidente y al ministro un rato de conversación con el actual secretario de Cultura para conocer estas cosas que a ellos les resultan tan novedosas. El Dr. Héctor Samour fue uno de los destacados académicos que colaboraron en el diseño de los planes de estudio a mediados de los años noventa y también, por muchos años, en la elaboración de la PAES de Estudios Sociales. Todo es susceptible de mejoras, pero debemos comenzar conociendo y apreciando lo que ya tenemos.

Acontecer Educativo Niños

No dejen en otras manos el futuro de sus jóvenes

Redacción EDH

El alcalde de Ahuachapán y candidato a un nuevo período, Rafael Morán, ha ofrecido impulsar el establecimiento de un centro de estudios universitarios, para lo cual, dice, tiene encaminadas conversaciones con la Universidad Nacional.

Hay, sin embargo, centros universitarios mejor calificados y además totalmente apolíticos, que llenen mejor los propósitos que busca el alcalde. La tradición de la UES a lo largo de los últimos cinco decenios ha sido de encierro, donde las decisiones se toman internamente sin que asociaciones profesionales, la opinión pública o inclusive el Gobierno, incidan en ellas. El riesgo es que del proyectado centro salgan promociones de graduados con pocas posibilidades de obtener empleo a causa de la distancia entre lo que aprenderán y lo que son las demandas en el mundo del trabajo.

El alcalde debe indagar con administradores de empresas, dueños de negocios, financieros y gerentes de fábricas, lo que es su experiencia con los graduados de las distintas universidades para escoger con mejores criterios.

En un mundo crecientemente globalizado y altamente competitivo, hay carreras y profesiones que van a la alza, mientras otras van en mengua. Sobran abogados y en particular deficientes abogados, mientras hacen falta técnicos a nivel intermedio, ingenieros, especialistas en atención de salud, buenas enfermeras (que casi tienen asegurados puestos de trabajo en el exterior), electricistas, programadores, expertos en electrónica… lo que apenas se enseña en el país.

Esa es la falla medular de la bien intencionada propuesta: entregar a otros una tarea que corresponde y deben realizar los propios ahuachapanecos. En juego está la formación profesional, intelectual, cívica y sobre todo moral de los jóvenes y niños de la gran ciudad de occidente.

La educación debe encajar con las realidades

El establecimiento del ITCA hace cuarenta años es un buen ejemplo por seguir. El objetivo, que en gran parte se mantiene al día de hoy, fue formar técnicos intermedios mezclando teoría y práctica. Los estudiantes recibían cursos lectivos pero además aplicaban lo que aprendían en talleres y laboratorios, como a otro nivel hacen en el Ricaldone.

Adicionalmente, los técnicos que se graduaban podían luego continuar estudios de nivel superior, pero dada la demanda que existe en el país para gente con saberes prácticos, de inmediata aplicación, la mayoría optó por incorporarse al mundo del trabajo. Es raro el egresado del ITCA que no reciba ofertas de empleo antes de dejar las aulas.

Mantener el control de un centro de formación profesional es esencial para vigilar el uso eficiente de los recursos que se le asignan y de los destinos al dinero que pagan los estudiantes. No olviden los ahuachapanecos que nadie está informado a ciencia cierta del uso que hace la UES de los recursos que recibe del Estado o de lo que cobra a los estudiantes. En la precariedad que vive el país, cada centavo debe ser bien empleado y además fiscalizado.

Quienes mejor conocen cuáles son las oportunidades abiertas para técnicos y profesionales son los propios productores del departamento de Ahuachapán y de la zona, que pueden colaborar en más de una forma para que la formación encaje con las realidades del trabajo que se requieren allá. Lo que se necesita en Ahuachapán es formación de superior nivel ajustada a la realidad productiva.

acontecer educativo garcía flamenco

Violencia y repetición estudiantil

Redacción Diario El Mundo.

Es terrible que una de las consecuencias de la inseguridad que rodea las escuelas e institutos públicos, sea el aumento de estudiantes repitentes.

La inseguridad tiene una nueva víctima: el rendimiento académico en la educación media, con el incremento de estudiantes repitentes debido precisamente a ese flagelo.

Así lo reconoció la semana pasada el ministro de Educación, Salvador Sánchez Cerén, que achacó ese alto nivel de repitentes  a la inseguridad que acosa a los estudiantes.

Esto es terrible y muestra la urgencia de un plan de seguridad intensivo en escuelas e institutos públicos. Ya no es solo que en 2011 hubo más de un centenar de estudiantes asesinados y decenas de desaparecidos, así como centenares de maestros amenazados. La inseguridad está provocando también ausentismo, deserción y repitencia.

El ministro reconoció la necesidad de modificar entornos peligrosos en los que están y funcionan las escuelas y compartimos esa preocupación, pero lamentamos que haya pasado tanto tiempo y tanta sangre derramada para que se tome conciencia de la gravedad del problema.

Nuestra niñez y nuestra juventud son el futuro del país y necesitan atención, necesitan programas integrales para desarrollarse, para educarse y convertirse en mujeres y hombres de bien que a su vez hagan de El Salvador un mejor país que el que les hemos heredado. Pero necesitan una convivencia en paz, con seguridad y armonía.
Acontecer Educativo

Esencialmente la educación es moral

Helga Cuéllar-Marchelli

La misión de la educación es desarrollar el potencial humano en todas sus dimensiones: física, intelectual y espiritual. Ésta es inherentemente moral porque su propósito es ayudar a elevar la calidad de vida de las personas, tanto individualmente como en su interacción con otros y el mundo que les rodea. Además, a través de la educación se aprenden valores, que son la guía que debe iluminar el camino de la evolución personal y el progreso social.

Desde la escuela, el problema es asegurar que la formación en valores tenga su espacio en el currículo nacional, y, sobre todo, que los maestros tengan claridad sobre cómo hacer explícita la enseñanza de valores y lograr que los estudiantes puedan apropiarse de ellos a través de sus experiencias con los demás. Sin embargo, esta labor tan fundamental para garantizar la continuidad y la subsistencia de las personas y las sociedades, no siempre es planificada ni corresponde exclusivamente a los maestros.

La educación inicia con el surgimiento de la vida. Desde la infancia, las personas están aprendiendo conocimientos, a relacionarse y a conducirse en la vida, y, por principio, lo deseable es que la educación, tanto desde la escuela como fuera de ella, sea esencialmente moral. Los primeros educadores son los padres de familia, seguidos por quienes de algún modo sirven de modelo para las nuevas generaciones.

En ellos recae primero la responsabilidad de volverse conscientes de esta realidad inevitable, y de que sus palabras ligadas coherentemente a sus acciones pueden contribuir a ganar en armonía, solidaridad, respeto y tolerancia. Por eso, quizá la primera tarea que debe lograr la escuela, es despertar en los padres de familia y los adultos la conciencia transformadora de su papel como primeros educadores.

Actuando conscientemente, quienes son líderes en cualquier ámbito de la sociedad pueden contribuir, con sus palabras y su ejemplo, a sembrar y cosechar valores positivos que enrumben al país hacia la prosperidad. Este entendimiento transformador es el que se necesita despertar gradualmente a través de las experiencias de aprendizaje cotidiano. En esta faena, la educación desde la escuela o fuera de ella debe ser, entre muchas otras cosas, creadora de luz entre tanta oscuridad.

En la víspera de la Navidad, mis reflexiones acerca de la educación se concentran en su esencia moral. Educar para la prosperidad tiene que ver con muchas cosas. Obtener un grado académico superior asegura un mejor empleo y mayores ingresos, aprender un segundo idioma, como el inglés, abre puertas; usar la nueva tecnología es vital en las sociedades del conocimiento, y, en general, aprender cosas nuevas siempre es muy estimulante.

Pero, ¿para qué sirve la educación si ésta experiencia no es capaz de provocar que las personas tengan empatía y puedan incluir las necesidades de otros en su comportamiento de manera consciente? Desde mi punto de vista, lo realmente opuesto a la moralidad es la indiferencia. Bien dicen que valen más las acciones que muchas palabras y que la indiferencia no es señal de prudencia sino de cobardía o egoísmo.

La educación que me inspira y en la que creo, es en aquella que humaniza e invita a despertar la conciencia transformadora de la realidad. Querido amigo lector, espero que usted el próximo año experimente mucho crecimiento personal y satisfacciones. Deseo que en la sociedad que compartimos, prosperen los liderazgos positivos para lograr que el país avance en su proceso democrático. Y, además, que el aprendizaje venidero –dentro o fuera de la escuela– se convierta en fuente de progreso para todos los salvadoreños.

Twitter:@hmarchelli