¿Para qué educamos…?

Escrito por Óscar Picardo Joao opicardo@uoc.edu

Y al final ¿para qué educamos?… Esta es una pregunta fundamental que nos debemos hacer en la familia, en la escuela, en la universidad, y también en los ambientes políticos. Detrás de esta pregunta podremos encontrar una considerable cantidad de tópicos fundamentales, entre ellos: el modelo antropológico (quiénes somos, y qué aspiramos ser), la visión sociológica (en qué sociedad vivimos, y cómo la construimos), y así podríamos seguir con otros ámbitos.

El economicismo consumista que está regulando los paradigmas contemporáneos ha desplazado a algunos conceptos sustantivos del desarrollo “normal”, y desde hace un par de décadas todo se está desfigurando. El problema es muy grave ya que la visión de felicidad ha sido sustituida por la capacidad de adquisición, y esto invade todos los ámbitos, desde lo lúdico en la infancia hasta las relaciones humanas entre los adultos.

En no pocos casos, la gente está esclavizada a comprometer su estabilidad financiera del futuro por elementos efímeros; por ejemplo, es muy común ver a gente de rangos salariales muy bajos destinando un alto porcentaje de sus ingresos para pagar un teléfono celular muy caro (BlackBerry o iPhone) y sus colaterales o cuotas mensuales. Valga aclarar que también el mercado trabaja para el corto plazo, casi todo lo que produce es desechable o cambia de modelo muy rápido. Esto ocurre con las tecnologías, con los zapatos deportivos, con los vehículos, y los niños y jóvenes viven un estrés increíble para lograr estar en la palestra de la moda.

En el ámbito infantil el “jugar” ha cambiado muchísimo; la mayoría de juguetes, y sobre todo los de índole tecnológica, empujan al niño a jugar solo, y esto limita la capacidad de socialización, y amplifica el egocentrismo, además son juegos más estáticos y luego los desbordes de energía en la escuela necesitan ser controlados con Ritaline; también la felicidad infantil es sinónimo de comprar, y ante el limitado desarrollo de espacios recreativos lo más común es ir a un restaurante de comida rápida a medio comer por obtener un juguete. Vale la pena anotar el deterioro de la estética, ¿ha visto usted con detenimiento la calidad, las formas, las imágenes y los lenguajes de los que sus hijos pequeños consumen en la TV? Esto sí que espanta. En el rango juvenil la cosa es más compleja; los jóvenes necesitan para comunicarse un teléfono inteligente, y hasta en reuniones o fiestas prefieren comunicarse a través de redes sociales o mensajería; aquí la presión del mercado y la competitividad es mayor, y aparece el paradigma digital de second life para atenuar las altas aspiraciones de lo que quiero y no puedo ser; los modelos de los jóvenes son complicados y distantes ya que sus padres pasan trabajando; el erotismo, la pornografía, la sexualidad y la violencia aparecen en su horizonte axiológico como sus nuevos “valores”. Con este bagaje muestral de problemas uno se pregunta: ¿Cómo hacer educación? Finalmente están los padres y las madres, muy endeudados, sin capacidad de ahorro y con un pronóstico de futuro incierto; trabajando desde la madrugada hasta la noche para poder pagar y comprar, confiados en una falsa religión que les permita el milagro de una beca para sus hijos, sacarse la lotería o algo por el estilo…

Mientras esto sucede en la cotidianidad, nuestro planeta ya no da más de sí; plagado de basura, generando aceleradamente plásticos y metales, y cada vez con menos agua y árboles; en efecto, estamos construyendo el gran mausoleo de la próxima generación. Y la única forma de cambiar el rumbo de este caos es a través de la educación, y lo dramático es que no veamos que comience el cambio.

acontecer educativo garcía flamenco

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Un pensamiento en “¿Para qué educamos…?

  1. Muy interesante el comentario del Dr. Picardo. Es fundamental una reflexión profunda acerca de la educación y del mismo sistema educativo. Sin embargo la premura y la urgencia del día a día nos abruma, no hay tiempo para “no hacer nada” o simplemente observar el mundo de nuestros hijos e hijas, para crear cosas nuevas, inventarse nuevos hábitos, para cambiar. Me animo todos los días a hacer algo diferente con mis niños, a ser creativa en las aulas, a tratar de no juzgar sino explicar.

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