De médicos y maestros

Por Óscar Picardo Joao

En el mundo académico la carrera de médica es una de las más cuidadas y exigentes; en términos generales, cuenta con el proceso más riguroso de admisión, de cada 10 candidatos en Latinoamérica ingresan uno o dos; posee un programa de siete años e incluye el grado de Doctor; su diseño curricular es muy completo: un área básica con buenos fundamentos físicos, químicos y biológicos, una especializada en cuatro áreas (Cirugía, Medicina Interna, Pediatría y Ginecología), entre 2 a 4 años de prácticas supervisadas en un hospital con rotaciones (externos e internos); luego el año social, y una vez graduado inicia una segunda etapa –residentes– con carácter formativo para sub-especializarse. Se supone que la responsabilidad médica es éticamente crítica, por lo tanto no cualquiera puede ejercer esta profesión…

Por el contrario, muchos de los candidatos que aspiran a la docencia –con algunas excepciones– son aquellos estudiantes que querían ser médicos, ingenieros, abogados o administradores de empresa y sus resultados de admisión no se lo permitieron; los filtros de admisión son mínimos; el programa dura apenas tres años, que incluyen unas prácticas docentes mal supervisadas; se gradúan con el único filtro que hay llamado ECAP, e ingresan a las aulas a trabajar, los más aventajados en el sector privado (menos de un 30%) y el resto a hacer cola para esperar plaza en el sector público; aunque con algún conecte político se puede brincar la barda…

¿No cree usted que ser maestro (a) es tan delicado como ser médico?; si bien los errores del médico se sepultan y los del maestro (a) se replican de manera silente, la responsabilidad de un maestro es gravísima. En un aula el maestro (a) tiene que trabajar aproximadamente 200 días o 1,000 horas al año con el grupo de niños –entre 25 y 50 alumnos– con intereses diversos y expectativas antagónicas; más allá de enseñar y generar aprendizajes en las especialidades –Matemáticas, Lenguaje y Literatura, Ciencias Naturales y Ciencias Sociales– el maestro (a) es un referente ético e incide en las costumbres, valores y creencias de los (as) niños (as). Detrás de un genio o de un psicópata hay una familia y maestros (as)…

Los niños, hoy en día, contando desde pre-maternal hasta el nivel de Postgrado, podrían pasar más de 25 años con maestros (as), ¿no cree usted que esto tenga que ver con su personalidad, aptitudes, competencias, valores y capacidad de afrontar y resolver los problemas de la vida?

En los países con mayor desarrollo –según el informe “Cómo hicieron los sistemas educativos con mejor desempeño en el mundo para alcanzar sus objetivos”, Mckinsey, 2008– buscan atraer y retener a los mejores candidatos universitarios para la profesión docente; Finlandia o Singapur poseen un completo sistema de admisión con evaluaciones nacionales, pruebas universitarias, entrevistas, supervisión de seguimiento grupal, y solo uno de cada 10 es admitido; el candidato se selecciona antes de iniciar el proceso formativo con mucho cuidado, y una vez admitido es ya contratado como estudiante.

En materia educativa lo académico es tan importante como la experiencia; en tiempos pasados, en las escuelas normales, había un acompañamiento; hoy por ejemplo, en Estados Unidos existen reconocidos programas formativos de supervisión como Boston Teacher Residency o Chicago Teaching Fellow. Los candidatos médicos durante los últimos años de formación en el hospital son supervisados por un estricto sistema de encadenamiento jerárquico: los Externos por los Internos, los Internos por los Residentes, incluso los Residentes por los Jefes de Especialidad.

Es muy importante que tengamos garantías de un sistema de formación médica de primer nivel, pero también es importante contar con docentes probos, competentes y eficientes…

Acontecer Educativo

El fracaso de las reformas educativas.

Por. Óscar Picardo Joao
1.- Llevamos casi tres décadas de reformas educativas, políticas y programas, sustentados con miles de millones de dólares que provienen de fondos propios, empréstitos del Banco Mundial y BID y donativos de la cooperación nacional (USAID, Unión Europea, JICA, AECID, GIZ, entre otros gobiernos amigos). 2.- La escuela no cambia, la calidad en ella tampoco; tanto los resultados de PAES como pruebas de logros estandarizadas en educación básica se mantienen estáticos. Solo se presentan “episodios” parciales de mejora con un alto nivel de regresión en cobertura, infraestructura, tecnologías, ambiente escolar, recursos didácticos, etc.

Los que sí han mejorado son los ejecutores externos de las reformas, sin lugar a dudas, en fundaciones, universidades, ONG, empresas consultoras y consultores particulares, sí se puede notar un cambio abismal a todo nivel, ya que tienen una visión de largo plazo que trasciende las malas reglas gubernamentales.

Cuando uno visita “escuelas públicas no preparadas” (es decir, llega de sorpresa) se da cuenta de la realidad: la escuela está postrada; ninguna de las reformas que han pasado por la región han tenido como eje al docente, siendo este el factor central y determinante del sistema educativo; se dan capacitaciones aisladas, parches por aquí y por allá de las modas pedagógicas; se maquilla la infraestructura, se ha creado una considerable cantidad de programas ocurrentes gubernamentales de corto plazo y altamente ineficientes, bien por razones de caprichos ministeriales o ideologías los procesos se truncan. ¿Cuántos millones de dólares se han invertido a través de: Plan Decenal 1995-2005, Colección Cipotes, CAPS, PAIN, SABE, EDUCO, Escuela Saludable, PAES, APREMAT, PAEBA, Educación en Valores, Desafíos de la Educación para el Nuevo Milenio, Escuela 10, CRA, ECAP, CETT, FEB, Plan 2021, OIT-IPEC, Comprendo, Megatec, Conéctate, EDUCAME, Plan Social vamos a la Escuela, Programa de uniformes, útiles, zapatos, vaso de leche… –por citar algunos casos, y sin contar la lista interminable de diagnósticos, informes sectoriales y reformas legales–?, y cada cinco años volvemos a comenzar…

Se diseñan políticas y programas sin visión de largo plazo, sin políticas de Estado, sin costo-beneficio, sin tasa de retorno; como que lo importante es hacer algo, gastar y ejecutar; pasan las décadas y las escuelas ahí están con los mismos problemas, circunstancias y resultados. El gran logro de la década de los noventa fue establecer la cobertura al 100% en educación básica, hoy tenemos un sistema fragmentado de dos y tres turnos, y ahora buscamos la escuela a tiempo pleno… En realidad poco importa si los estudiantes pasan cuatro o siete horas en la escuela si no cuentan con un docente preparado, motivado y dignificado; no importa si por un lapso de tiempo se le equipa un laboratorio con tecnología de punta si quien está a cargo de utilizarlo no tiene las competencias ni comprende su lógica. Incluso, poco podrá hacer la escuela si no damos un vistazo a la problemática antesala familiar…

Tenemos años sin lograr un consenso político, social y económico mínimo sobre nuestro sistema educativo, incluso sin dialogar sobre: ¿qué ciudadano pretendemos formar y para qué sociedad?, ¿qué docente necesitamos?, ¿cómo debe ser nuestra escuela para la actual sociedad de la información y el conocimiento? Mientras tanto mantenemos un perverso sistema educativo que de manera fáctica y silente forma dos tipos de ciudadanos, modelo que perpetúa la pobreza y la exclusión social; unos pocos se forman con las condiciones ideales y culminan sus estudios superiores, mientras que muchos llegan hasta tercer ciclo de educación básica. Poco ha cambiado, ahí están las cifras de escolaridad, las tasas y los indicadores…

Acontecer Educativo