El aula (rural)…

Por Óscar Picardo Joao

En esta aula una mujer con entusiasmo y mística intenta hacer pedagogía con un grupo de 25 estudiantes de tercer, cuarto, quinto y sexto grados. Hay niños y niñas desde nueve a 16 años.

La fotografía de un aula multigrado es compleja pero real; si resulta una tarea titánica hacer educación en entornos rurales, con limitaciones de transporte, alimentación y recursos didácticos, mucho más complicado es enseñar –y aprender– a un grupo de niños y niñas con intereses y edades distintas en ese entorno. Además de las limitaciones pedagógicas y didácticas, los docentes a cargo hacen educación en entornos excluidos, pobres y vulnerables.

Más allá de lo educativo, uno se pregunta sobre el valor social de la educación: ¿educación para qué?, ¿qué va a cambiar la educación en la vida de estos niños y niñas? En realidad, no hay oportunidades a unos 100 kilómetros a la redonda, solo milpas y tareas agropecuarias.

Es más, el propio sistema educativo los prepara para migrar, ya que si quieren estudiar hasta noveno grado, tienen que ir a otro pueblo; y si hay aspiraciones para terminar bachillerato, tendrán que viajar hasta la cabecera departamental. ¿Y luego qué?, ¿regresar al cantón con el título de bachiller para qué? La suerte está echada, es un viaje sin regreso.

Al preguntar a la gente por qué estudiar, las respuestas se consolidaban en un aspecto de alfabetización: para que aprenden a leer y escribir, punto; de nada sirve uno o más años de escolaridad en estos lugares remotos. Por ahí aparecen algunos soñadores que han oído hablar de la universidad, o que quieren ser doctores o abogados, y no sabemos bien si uno de cada cien logra esto; otros quieren ser policías o enfermeras y se arriesgan a estudiar un poco más porque tienen un familiar en la cabecera departamental. Los mayores de 15 años piensan en irse a la capital o a Estados Unidos a probar suerte.

Como sea, la escuela y sus aulas es para muchos un paso obligado por costumbre; no hay mucha claridad y supervisión si los estudiantes aprenden o no. Al intervenir con algunas preguntas de Letras o Sociales o al plantear algún problema sencillo de aritmética básica, uno se da cuenta de que existe un rezago increíble. Inclusive la socialización es bastante limitada; en los recreos –que son incontrolables–, niñas por un lado y varones por otro, y resulta curioso que hay más varones que niñas. ¿Por qué? –le pregunté a la maestra. Y me contestó: ya a partir de los 13 o 14 años se acompañan, a los 15 ya están embarazadas o criando. Se repite la historia, se replica ese perverso ciclo.

En esta escuela con costo se cubren menos de 100 días de clases, según se pudo explorar; entre las épocas de cosechas, las enfermedades, las lluvias y la maestra que falta considerablemente, los estudiantes pierden muchas clases y, encima, entre los recreos y el tiempo que se divide en cuatro grados, la cosa es complicada.

Así las cosas por el mundo de la educación rural latinoamericana, una fotografía difícil de digerir y reformar.

Aquí ni siquiera llega información de las tales reformas.
acontecer educativo garcía flamenco

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s