Padres como mediadores en peleas de hermanos

En ocasiones las relaciones conflictivas de muchos hermanos alcanzan importantes niveles de hostilidad y malestar que afectan sus vidas y las de quienes los rodean.

Hay cada vez más evidencia de que en una minoría de los casos las peleas entre hermanos se convierten en una forma de abuso repetido, inevitable y nocivo emocionalmente, señala el informe “Más allá de la rivalidad, el mundo oculto de la violencia entre hermanos”, publicado en The New York Times.

Una investigación dirigida por el sociólogo David Finkelhor, del Laboratorio de Investigación Familiar de la Universidad de New Hampshire, UNH, en Durham, descubrió que el 35 % de los niños participantes en el estudio habían sido “golpeados o atacados” por un hermano el año previo.

Conflictos indeseables

Para Finkelhor, “hay formas muy serias de victimización entre hermanos”, aunque “muchas veces se minimizan” y “cuando un niño le pega a un hermano, el hecho se considera como una pelea o un altercado”, en vez de tomarse como algo grave.

Las peleas entre hermanos, en algunos casos, pueden acarrear más adelante problemas en el estado de ánimo de los hijos.

“Si los padres advierten que uno de los hijos recibe constantemente un trato desfavorable deben tomar medidas para garantizar que no esté subordinado al otro hermano, y han de buscar ayuda profesional, si la mayoría de las interacciones entre hermanos se convierten en conflictos intensos, sobre todo con violencia”, dijo Nicole Campione-Barr, profesora de Ciencias de la Psicología en la Universidad de Missouri. Los padres deben mantenerse alerta ante las peleas.

Consejos para evitar peleas

1.- Tiene que estar atento al mínimo acto de rechazo o egoísmo entre ellos, no hacerse de la vista gorda.

2.- Debe intervenir inmediatamente. Diga con firmeza que NO, que los hermanos no se pelean que se deben amar.

3.- Según cual halla sido el motivo de disputa: juguete, empujón, insulto, etc, debe preguntar que paso y buscar la solución, o directamente explicar si fue un insulto, golpe, etc, eso no se hace.

4.- Todo esto con seguridad de su parte, que ellos entiendan que lo que hicieron fue grave y que no se debe volver a repetir. Los niños captaran tus palabras firmes y de amor.

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Moverse seguro por las redes

Facebook se caracteriza por tener uno de los sistemas más seguros y protegidos contra virus que afecten a sus usuarios. Sin embargo, aunque el riesgo es mínimo siempre existe la posibilidad de caer en alguna trampa.

Algunos de los ganchos más frecuentes son “Mira el video (o las imágenes) en el que apareces”, “¿Ya viste las polémicas fotos de… (nombre de algún artista famoso)?”.

Otra trampa común es recomendar al usuario la amistad de alguien con una foto de perfil de una chica atractiva.

La mayoría de veces son links que llevan al usuario hacia otra página que permite el contagio de virus o cualquier variedad de software malicioso (malware).

Sin duda alguna, que gran parte de la responsabilidad de protección la lleva el mismo usuario, que decide a qué darle clic y a qué no. Cada contenido demasiado llamativo debe ser causa de sospecha.

Tras entrar y registrarse en una red social, el usuario debe configurar su perfil. Aquí, el abogado Thomas Schwenke aconseja prudencia en la cantidad de datos que incluir: “Más allá del nombre, las aficiones y los intereses personales, no conviene dar más”. Según el experto, se desaconseja incluir la dirección postal, el número de teléfono, los datos bancarios y toda clase de información privada, como las enfermedades crónicas o la vida sexual.

Además, se puede elegir quiénes tendrán derecho a ver esos datos. La mayoría de las redes sociales ofrece un amplio menú de esferas privadas. Allí, por ejemplo, se puede determinar que sólo amigos personales tengan acceso a fotos o la dirección personal de correo. En este sentido, conviene ver cómo lo resuelven las principales redes: al contrario que Google+, Facebook pone relativamente muchos datos a disposición de la comunidad cibernética.

Cuidado con el bloqueo

Al publicar mensajes y fotos, se recomienda buscar un equilibrio entre el silencio absoluto y el exceso publicitario. “Quien publicite y escriba demasiado corre el riesgo de aterrizar en la lista de contenidos bloqueados de sus amigos”, señala The-Khoa Nguyen, redactor de la revista alemana “PC Magazin”.

Conviene además sopesar cuidadosamente quién puede leer los mensajes: si no se pone límites, normalmente todos ven todo. Así, las fotos de la última fiesta del pasado fin de semana pueden llegar no sólo al círculo de amigos personales sino también a la pantalla de colegas de trabajo y de los jefes.

Al colgar imágenes, tampoco hay que olvidar el derecho de propiedad intelectual. Lo más seguro es usar sólo fotos hechas por uno mismo. “Si no se ha pedido autorización del autor, al publicar una foto se corre el riesgo de atropellar su derecho de propiedad intelectual”, señala el jurista Thomas Schwenke.

El fotógrafo, antes de cargar fotos en una red social, debe pedir el consentimiento de la o las personas incluidas en ellas (lo que en términos jurídicos se llama ceder el derecho a la propia imagen). Pero, además de las fotos, también los textos ofensivos y enlaces pueden ser motivo de problemas: “Quien, por ejemplo, incluya enlaces a sitios prohibidos o ilegales tendrá problemas con la ley”, advierte Schwenke. —EDH/DPA
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