Escolaridad e ideología…

Oscar picardo

Por Óscar Picardo Joao

Estudios internacionales (E. Vélez) señalan que cada año de escolaridad promedio puede representar más o menos un 10 % de ingresos al salario; asimismo, la escolaridad promedio de una nación representa un importante indicador para la inversión extranjera. En la actualidad, la escolaridad promedio de El Salvador nos indica que tenemos sexto grado, un dato muy bajo para pensar en inversión extranjera sofisticada o en empresas de valor agregado tecnológico.

Más allá de esta realidad y con números fríos, sabemos que de cada 100 niños que terminan el segundo ciclo de educación básica (sexto grado), solo 35 se graduarán de bachiller (¡¡¡perdemos 65 estudiantes!!!), y la historia se sigue decantando… Posiblemente solo 15 de estos 35 ingresen a la universidad, y quizás se gradúen cerca de siete u ocho, y dos o tres de cada 100 puedan hacer un posgrado…

A la base de esta realidad estática sostenida por gobiernos de derecha e izquierda observamos que no hay cambios en la cantidad y menos en la calidad; la inversión en educación –como parámetro– se mantiene en un rango cercano al 3 % del PIB en los últimos 20 años –de ARENA y del FMLN–; a pesar de los incrementos presupuestarios anuales el gasto anual promedio por alumno también está estático ($167.12 en parvularia en 2001 contra $270.70 en 2010; $277.21 en básica en 2001 contra $341.57 en 2010; y $506.97 en media en 2001 contra $469.88 en 2010).

Todo indica que el crecimiento presupuestario lo sigue absorbiendo salarios, y los limitados recursos que quedan disponibles para ideas y proyectos alternativos de calidad, de $30 a $80 millones, ahora se van al programa de útiles, uniformes y zapatos, que ya vino para quedarse, que no tendrá ningún impacto y que en lugar de focalizar se ha hecho censal.

Como hemos insistido en otras oportunidades, necesitamos políticas educativas de Estado –y no solo de gobierno—; además acuerdos nacionales de largo plazo y una mesa coordinada de cooperantes con compromisos y visión estratégica alineada; no es posible que en cada quinquenio cambie todo y que, además, por la típica complacencia pro gubernamental los cooperantes acompañen las ocurrencias cambiando también las prioridades; en efecto, hemos tenido modas increíbles, primero educación básica (los noventa con USAID y BIRF), una década más tarde educación media técnica y superior (Unión Europea y BID), luego primera infancia, y así vamos gastando cientos de millones de dólares sin medir el costo-beneficio ni la tasa de retorno.

El sistema educativo no se debe regir por códigos ideológicos ni al son de la partidocracia de la derecha o la izquierda; los niños y jóvenes son el futuro, y a ellos le cambiamos el mapa para navegar cada cinco años sin que se den cuenta; no les damos las herramientas para competir y producir, la brecha digital es abismal, los preparamos con un modelo preindustrial para luego lanzarlos a la sociedad de la información y a la economía del conocimiento.

Con esta frustración las cartas están echadas para que emigren o terminen en las pandillas, y este producto tiene nombre y apellido…

acontecer educativo garcía flamenco

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