LECTURA Y NEUROCIENCIA

El escritor escribe su libro para explicarse a sí mismo lo que no se puede explicar»… Y el lector lo lee por la misma razón.

El escritor Joseph Roux dijo: «Hay dos clases de escritores geniales: los que piensan y los que hacen pensar». Hilando fino podemos darnos cuenta de que lo primero lleva a lo segundo y viceversa. La labor fundamental de un maestro es guiar a sus alumnos al desarrollo de sus capacidades en pos de su beneficio intelectual y emocional, y de su dignidad como persona. Leer un texto, ya sea literario o informativo, que nos lleve a meditar es una experiencia única y de un valor trascendental en nuestro crecimiento cognitivo y afectivo. La reflexión es la cúspide de la inteligencia, y está incluso por sobre el conocimiento. Un hombre puede saber muchas cosas, pero ser un necio, como alguna vez afirmó Milton.

Reflexionar, hacer introspección, «darle varias vueltas de tuerca» —como le gustaba decir a Henry James— a los asuntos tiene beneficios esenciales:
1) Genera una visión crítica con argumentos para poder conversar y debatir.
2) Invita a profundizar en esa área del conocimiento o en otras, que muchas veces parecieran no tener relación (por ejemplo, los binomios fantásticos de Gianni Rodari).
3) Ayuda a generar contenidos propios, lo cual es imprescindible en un mundo en donde los niños, jóvenes y adultos estamos bombardeados por estímulos con los cuales nos quieren vender productos a toda costa, nos quieren convencer de ideologías, de modas, de qué es lo bello y lo feo, en resumen, de paradigmas arbitrarios que no tienen por qué ser los nuestros. Más aún, nuestra responsabilidad como formadores es la de enseñar a tener discernimiento, incluso a ser suspicaces y poner en duda la información que recibimos antes de darla por cierta: el famoso sentido común, también llamado el menos común de los sentidos. Esta frase burlesca tiene mucho de cierto. La cantidad de estímulos que reciben los niños y jóvenes en la actualidad no les permite procesarlos adecuadamente. Se transforman en expertos en trivialidades. Tienen «un mar de conocimientos de un centímetro de profundidad».
¿Cómo enfrentar esta situación en el aula? ¿Está todo perdido con el advenimiento de Internet? Para nada. Nos encontramos en una etapa de transición histórica. Nos ha tocado vivir el tsunami de los medios de comunicación y la interactividad. Estos fenómenos sociales han ocurrido antes, por ejemplo con la aparición del lenguaje escrito o la invención de la imprenta. En mi experiencia de trece años de estar en contacto con docentes hispanoamericanos y visitar alrededor de setecientos establecimientos educativos, he visto denominadores comunes:
1) Hay una falsa creencia con respecto a los llamados «nativos digitales»: se piensa que ahora los niños son capaces de hacer múltiples actividades de manera simultánea. Sí, lo hacen, pero mal. Además quedan acelerados, estresados, muy cansados mentalmente y muchas veces de mal humor. Investigaciones en la Universidad de Harvard han mostrado que en los ejercicios en los cuales deben realizar diversas actividades al mismo tiempo, los jóvenes que se definen a sí mismos como multi-tarea se desempeñan peor que los alumnos que se autodefinen como de «pensamiento lineal». Es decir, justamente lo contrario de lo que se espera, o por lo menos de lo que desean y creen firmemente los autodenominados multi-tarea. ¿Por qué sucede esta discordancia? En mi opinión, los seres humanos tenemos un entusiasmo desbordante por lo novedoso, deseamos que las cosas cambien lo más rápido posible. Entonces, nos fascina creer que esta nueva generación es diferente, que la plasticidad del cerebro es tal que ellos son una especie de X-Men, que han mutado para ser una raza superior. También nos sirve para justificar nuestra progresiva desconexión con las nuevas tecnologías, pero ese ulterior tema da para largo.
2) Es necesario estimular el pensamiento lineal: claro, esta es la consecuencia directa del punto anterior, pero los niños no lo tienen claro. Más aún si les dicen que mientras más cosas hagan al mismo tiempo, más inteligentes son. Más vale hacer una sola cosa bien que un montón a medias o definitivamente mal. Suena obvio, pero no es el mensaje que reciben los jóvenes de hoy. El pensamiento lineal consiste en seguir una línea mental en la cual se analiza cada pequeño aspecto de lo que queremos resolver o entender. Una vez que llegamos a una especie de mini-conclusión, pasamos a la etapa siguiente y así, sucesivamente, hasta llegar al final, para tomar distancia y ver el resultado global, que puede ser la comprensión de una frase, un párrafo, un capítulo o La divina comedia completa con sus más de 15 000 versos. Este mecanismo mental tranquiliza, disminuye la ansiedad, porque se van obteniendo logros limitados pero que entregan seguridad en el razonamiento, «pequeñas victorias» que llevan al alumno a darse cuenta de que es capaz de solucionar problemas complejos —como leer el Quijote— separándolos en desafíos más pequeños. Muchos de mis alumnos se sorprenden cuando les digo que el Quijote en realidad son dos libros, Quijote 1 y Quijote 2, escritos con diez años de diferencia, y más se sorprenden cuando les cuento el secreto de que hay personajes del segundo libro que conocen bien al pobre caballero andante porque ya se han leído el primer tomo. La curiosidad los carcome…
3) Se debe realizar una correcta selección de los libros de acuerdo con la edad, nivel lector e intereses de los niños y jóvenes. Lamentablemente debo afirmar que me ha tocado estar con profesores que dan a leer a sus alumnos libros que ellos mismos no han leído. Me parece inaceptable. No se puede argumentar falta de tiempo, porque aquella es una de las labores más importantes de un docente. Es como si un cocinero no supiera qué ingredientes le va a poner a la comida de sus clientes. En este tema hay varias visiones y creo que lo prudente es rescatar lo que nos parece mejor de cada una. Primero: tomar en cuenta lo que ellos leen o lo que está de moda. No me parece un pecado mortal leer un poco de literatura chatarra de vez en cuando, pero si lo único que consumimos es ese tipo de libros, tendremos una malnutrición intelectual. Está bien comer McDonald’s de repente, pero jamás podría ser nuestra base alimenticia. ¿Quieren leer libros ligeros para entretenerse? No hay problema, pero, si ya tienen un paladar lector, se darán cuenta de que es literatura chatarra, y ese tipo de libros no puede ser la base de su formación literaria. Segundo: tomar en cuenta lo que ustedes consideran libros de calidad, que puede ser que no sean los más llamativos al principio para los estudiantes. En este caso deben realizar una labor de estimulación a la lectura cuidadosa: entusiasmarlos, contarles un poco del argumento, provocarlos. Si quieren que lean Un mundo feliz, de Aldous Huxley, pueden comentarles que hubo un grupo musical que se fascinó con otro libro del mismo autor, llamado Las puertas de la percepción. Y fue tanto que su líder tomó de ahí el nombre para la banda. El cantante: Jim Morrison, el grupo: The Doors.
En resumen, debemos tener una visión holística del lector como un ser complejo en un mundo lleno de estímulos, que incluya tanto lo cognitivo como lo emocional. La inquietud mental debe canalizarse para beneficio de ellos mismos, porque, como dijo Gabriel García Márquez: «El escritor escribe su libro para explicarse a sí mismo lo que no se puede explicar»… Y el lector lo lee por la misma razón.

Fuente: colgadodelalectura.com

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