¡TODOS SOMOS IGUALES!

Por: Bertha Consuelo Navarro

Hablar de discapacidad, aceptación de la diversidad e inclusión hace del humano un ser sensible que considera al otro como único e irrepetible. Pero esta tarea va más allá del esfuerzo aislado que pueda desarrollar un sujeto o una familia; corresponde más bien al colectivo, es decir, a la sociedad y las instituciones que la representan.

Mientras leamos, recordemos la última calle por la que hemos caminado: ¿tiene rampa de acceso?; el cajero automático que en ella se ubica ¿incluye un sistema de uso para invidentes? Ahora pasemos de la calle a nuestra escuela; en ella sí hay rampas, ¿verdad? Además, cada aula tiene carpetas para estudiantes zurdos, y los docentes vocalizan de tal modo sus mensajes que cualquier menor con hipoacusia puede leer sus labios… ¿no es así? Los docentes realmente están convencidos de que los programas de inclusión educativa son acertados; se capacitan permanentemente y son monitoreados por los organismos nacionales encargados de la supervisión. ¿Se trabaja de este modo?

Preguntémonos: ¿cambiaron nuestras aulas desde 1982, cuando en nuestro país se vivió el “Año de los Derechos del Minusválido”?, ¿cambiaron veintiún años después, el 2003, al declararse el “Año de los Derechos de la Persona con Discapacidad”? Al margen de las disquisiciones sobre el matiz semántico de los términos “minusválido” y “discapacitado”, hay que reconocer una intencionalidad inclusiva tras la nominalización de estos periodos. No obstante, ¿cuánto de esto se concretó en experiencias y esfuerzos reales que facilitan la vivencia cotidiana de un sector poblacional todavía no visibilizado?

Al respecto de la inclusión, la cual pasa por el proceso de “ver” al otro, la Fundación Germán Sánchez Ruipérez[1] señala: “Hay que tender a contar historias y aventuras en las que aparezcan personajes con discapacidad, evitando el sentimentalismo y la caridad en sus caracterizaciones”.

Por ello, en el nivel de Inicial introduzcamos a Lulú, la simpática mariposita del cuento Vuela, Lulú, que no puede volar porque teme caer y hacerse daño.

En Primaria, el gran Benjamino nos mostrará cómo la grandeza no va necesariamente con el tamaño. En el mismo nivel educativo, en A-tilo, el delirio de Ilusión, un conejo nos acercará al problema de Ilusión, y nos conmoverá el problema de los ancianos que van perdiendo el referente de la realidad.

En Secundaria, C@ro dice: y Sol en la escuela nos muestran que sí es posible la inclusión en los púberes y adolescentes, destacando la intervención casi heroica de sus “especiales protagonistas”. A los más grandes de este nivel, Paloma y ¿Por qué a mí? les abrirán otras ventanas del panorama de la inclusión y sus matices.

Estos títulos son solo una muestra de los muchos textos de Alfaguara Infantil
y Juvenil que desarrollan el tema de la inclusión.

Es necesario que, como docentes, escuchemos, con la plenitud de nuestro ser, una vocecita tierna que nos dice: “Todos somos iguales… ¿me incluyes?”.

121213151724

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s